El bonsai, un árbol de paz y energía
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Un ambiente lleno energías positivas es Hogar y Bonsái, un local pequeño, localizado en la 6 de Diciembre y El Batán. Su propietaria, Sonia de Salvador, atiende y cura las plantas que necesitan de su ayuda desde hace 15 años.
Allí, en estantes repletos se aprecian decenas de árboles en miniatura de acacias, coníferas, naranjos con sus pequeños frutos dorados, una mimosa, cipreses y arupos blancos y rosados.
Salvador, pequeña y amable, conoce los secretos de estos árboles encantadores, que alegran y traen paz en salas, estudios, cocinas y otros ambientes.
El bonsái es el cultivo de árboles y plantas pequeñas. A partir de diversas técnicas de poda y nutrición se puede reducir su tamaño. Bonsái es un término de origen japonés que significa, bon (bandeja) y sai (naturaleza).
“En Japón se pulieron, entre 1603 y 1867, la simetría y la estética del bonsái. Estos rasgos hemos adoptado en Ecuador. Todos los árboles que son leñosos, arbóreos, longevos y de hojas pequeñas son aptos para ser bonsái”.
Salvador aprendió el arte hace 25 años, en Japón. Ha hecho varios cursos en Colombia; uno de ellos, que dicta la familia Arellano, es muy reconocido.
Un bonsái debe tener estética, simetría y un balance en la maceta; también hay que alimentarlo según la especie.
El mantenimiento básico consiste en la poda de la raíz pivotante (la raíz que le da firmeza) y la raicilla (la raíz de alimentación). Todos los arbolitos tiene estas dos raíces. Existen varios implementos para la poda: tijeras jin, sacabocados, escobilla, palo de bambú...
Salvador explica que cuando un arbolito pasa de los 15 años se deja de podar la raíz y solo se renueva la tierra. Los bonsáis se clasifican por tamaño: los de 5 cm se llaman shito; de 15 cm, mame; y de 25 cm, shohin.
La poda del follaje depende de cada especie, en nuestro país las más comunes son: acacias, arupos, coníferas, guayacanes, pinos, maples. Para su diseño se utilizan alambre de diferentes calibres.
El alambre es que da la forma de las plantitas.
Para curar los bonsái de los hongos -la plaga más común-y del gusano de las, se raíces utilizan medicinas naturales como el ají, el ajo y el agua de tabaco (hongos).
En otro sitio de Quito, en la autopista Rumiñahui y la nueva Oriental, vía a Los Chillos, se levanta Su Bonsái, otro vivero con muchas plantas.
En este llama la atención la oferta de varios artículos japoneses como figuras de porcelana que adornan las macetas. Freddy Vivero, el propietario, muestra algunos árboles de ciprés que tienen más de 80 años.
Según Vivero, un árbol tiene un costo por su trabajo y por su edad; estos van desde USD 10 (los más baratos) hasta 5 000. Incluso hay bonsáis que ya no tienen precio por el cuidado y valor sentimental que algunas personas pueden llegar a tenerlos.
Vivero dice que el secreto para mantener a un bonsái es la luz, el riego y la admiración o cariño que hay que brindar a cada especie.
Tiene que ser leñoso
Todos los árboles son aptos para ser trabajados. Un bonsái debe tener hojas pequeñas, ser arbóreo, leñoso y longevo.
En Ecuador existen ideas erróneas. Un ejemplo, explica Freddy Vivero: mucha gente utiliza tierra árida o fija alambres muy ceñidos al árbol para que este no crezca. Y no es así.


