‘Corrí como si todo el Ecuador estuviera conmigo en la pista’
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El ecuatoriano Álex Quiñónez mañana tendrá una dulce celebración. Festejará 23 años tal como quería: luego de competir en una final de 200 metros en unos Juegos Olímpicos.
Ayer, tras cruzar la meta de la prueba en el estadio Olímpico de Londres en séptima ubicación (20,57 segundos) recordó el anhelo que tenía antes de su cumpleaños “Me siento muy feliz por llegar a la final y por haber paralizado todo un país”, dijo el atleta que corrió en la final junto al jamaiquino Usain Bolt, quien se coronó campeón con 19,32.
“Estoy feliz porque todos me apoyan. He hecho cosas que no esperaba. Espero llegar a Brasil para una medalla”.
La presencia de un latinoamericano en la final de los 200 metros no es muy habitual, aunque hay precedentes en la historia olímpica de argentinos, cubanos, panameños y brasileños. Pero un ecuatoriano no lo había logrado nunca. Y en el atletismo, más allá del oro de Jefferson Pérez en los 20 km marcha de Atlanta 96 y la plata en la misma prueba en Pekín 2008 no hay otros éxitos.
¿Pero en los 200 metros junto a los velocistas más refinados del mundo, de la historia? Nunca había sucedido, y Quiñónez notó el peso del momento. “Me pasaban muchas cosas por la cabeza, te sientes muy nervioso porque miras alrededor y ves millones de gentes, te preguntas qué está pasando. Vamos a hacer todo lo posible, te dices. Te sientes extraño”.
El ecuatoriano estuvo lejos de los 20,28, su mejor marca personal. “Hice todo lo posible por hacer una mejor marca, pero como es mi primera olimpiada estaba muy nervioso. Había pasado lo duro, pero me sentía muy nervioso. No fue la mejor carrera mía”.
Sonriente y eléctrico aún en sus movimientos, como si todavía estuviera en la carrera, recordó que estuvo dos años fuera del atletismo. “Se me partió un músculo de la pierna”, recordó. También rememoró que regresó hace unos pocos meses a las pruebas.
Eso sí, cuando le dijeron que el Gobierno le entregará una casa replicó. “No estoy informado de eso. Pero espero que ayuden a los demás. Todos (los deportistas) hicieron un esfuerzo”.
“Esto se da inesperadamente, porque tú llegas y dices qué voy a hacer, ¿pasaré o no pasaré? Y luego piensas: Si todo el mundo puede, yo también podré llegar”.
Sus últimas palabras fueron emotivas: “Corrí como si todo Ecuador estuviera conmigo y pasé a las semifinales. En las semifinales ya corrí con más presión”.
¿Por qué tanta presión? “Me llamó el Vicepresidente y sentía una presión más grande. Gracias a Dios llegué a la final. He cumplido a mi país, soy feliz porque hice las cosas bien. Agradezco a mi técnico Jorge Casierra, porque él creyó en mí cuando había tanta gente que decía que cómo iba a llegar yo a una final...".
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