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Joven, con largos cabellos rizados, atisbaba cerca de las editoras de Ecuavisa una pasante que ocultaba en su timidez la ansiedad de ser periodista.

Esa historia empezaba hace más de 25 años. Luego llegó a Teleamazonas para avanzar en las destrezas del oficio.

Viajó a Colombia, donde, como relató en su firme despedida temporal de la pantalla, anteayer, se curtió en el periodismo que enfrenta la violencia y en la época del auge de alguno de los carteles de la droga y su sangrienta estela.

Como todo periodista que se precie Janet sabe que el buen periodismo se ejerce desde la investigación y la denuncia. El periodismo afronta la tarea diaria de descubrir lo que alguien quiere ocultar. Se trata de destapar los trapos sucios del poder. ‘‘Noticia es algo que alguien en alguna parte quiere ocultar. El resto es propaganda” en palabras del periodista irlandés Alfred Charles William Harmsworth.

El periodismo de investigación, para muchos es una rama del periodismo, pero cabe recordar que, como dijo con sobria sabiduría Gabriel García Márquez, “todo el periodismo es investigación”. El Premio Nobel de Literatura sabe de lo que habla. Como bien lo relató, fue primero editorialista y luego “ascendió” a cronista.

En eso del periodismo de investigación y de inquirir con preguntas incómodas a los actores del poder andaba Janet cuando la abrupta advertencia llegó: “recibí una llamada que amenazaba mi integridad física y mi seguridad personal”.

Que Janet deje la pantalla causó revuelo. Desde el viernes pasado se ausentó, sin explicación, del noticiero que conducía tres veces por semana en Teleamazonas. Hubo rumores y especulaciones hasta que llegó la pública noticia de su separación temporal.

Antes, Teleamazonas había recibido el acoso del poder. Un cierre, el cambio de propietarios urgido por nuevas leyes, la salida de destacados periodistas, como Jorge Ortiz, implacable crítico del poder político, entre otros, solo mostraba el camino de la acre relación del poder que gobierna el Ecuador y de su poca cultura democrática y tolerancia a quienes piensan distinto o lo expresan en los medios.

El caso de Carlos Vera, antes; la persecución a El Universo y su editor de opinión; los juicios que no dejaron en paz a los periodistas de ‘El Gran Hermano’, los insultos sabatinos y cadenas displicentes contra varios periodistas que cumplen su trabajo, pintan un escenario sombrío para la libre expresión que no pertenece a los periodistas ni a los propietarios de los medios sino a la gente, a la sociedad en su conjunto.

Por eso el episodio que precipitó la salida de Janet de pantalla inspira la solidaridad personal, pero sobre todo exige la reflexión colectiva sobre la clase de sociedad que estamos dispuestos a vivir, si aceptamos como borregos el autoritarismo o lo denunciamos con firmeza. Ante los ataques de trolls, anónimos y cobardes, hay miles de seres que la apoyan.

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