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El cuerpo desnudo se ha convertido en una nueva forma de protesta al rededor del mundo. Europa y América son los continentes donde esta forma de expresión se ha manifestado con mayor fuerza.

El pasado 25 de septiembre, un grupo de 20 mujeres pertenecientes al Movimiento Mujer y Salud (Mysu) se reunió alrededor del Parlamento uruguayo para protestar a favor de la despenalización del aborto. Esta vez fue un reclamo diferente: se encontraban completamente desnudas.

La ley que despenalizaría el aborto fue aprobada por el Parlamento uruguayo con 50 votos a favor y 49 en contra. La opinión no solamente estaba dividida entre los legisladores. Los ciudadanos efectuaron varias muestras de apoyo y rechazo a la medida en las calles de Montevideo. Pero la manifestación que llamó la atención internacional fue, sin duda, la de las mujeres que apenas vestían una delgada capa de pintura naranja sobre su piel desnuda.

De igual forma sucedió en Santiago de Chile el mes pasado, en donde miembros de un colectivo de mujeres descubrieron su pecho para exigir que se mejore la educación en el país. Lo mismo hicieron dos chilenas meses atrás para protestar en contra del consumo de carne animal y varias colombianas en Bogotá para que se detengan las corridas de toros.

La iniciativa nudista como método de expresión y protesta parece cobrar fuerza en algunos países de América Latina y Europa, en donde las activistas fueron detenidas por realizar este tipo de prácticas. Uno de los ejemplos más emblemáticos es el polémico grupo feminista ucraniano Femen que ha tomado ya varias “acciones” para protestar en contra de políticos, el turismo sexual y la severidad a la que están sujetas las mujeres de fe islámica.

Las integrantes de Femen siempre actúan con el torso desnudo, ya sea para cortar cruces de las iglesias o para desfilar frente al barrio musulmán en París, Francia. Las mujeres involucradas en el activismo han retomado una de las más eficaces y sencillas armas para transmitir sus principios y creencias: la desnudez.

El método ha sido utilizado en el mundo moderno desde los años sesenta con la aparición del movimiento hippie. En esa época las hippies se desnudaban o quemaban su ropa interior como señal de autonomía e igualdad frente al género masculino.

“Un cuerpo desnudo llama la atención de cualquiera”, dice Margarita Carranco, coordinadora del Colectivo Nosotras, en Quito. “Unos se interesan por morbosidad, otros por curiosidad, otros por el espectáculo y otros por respeto a lo simbólico que llega a ser.

Lo que importa es que haya una reacción a nivel de la ciudadanía”, acota. Para una feminista como Carranco, el desnudo tiene una connotación que va más allá de lo sexual, pues la decisión de desnudarse depende de cada mujer. Si bien puede parecer un acto provocativo, Carranco dice que para las feministas el desnudo demuestra autonomía.

Elementos claves como el estallido mediático que tuvieron las fotos de las integrantes de Femen, así como las de las estudiantes chilenas o las animalistas colombianas, traen consigo curiosidad en una sociedad nada acostumbrada a esta protesta.

“Las formas convencionales de manifestación no son eficaces. El diálogo resulta corto frente a todas las posibilidades de represión que existen actualmente”, indica Vicente Robalino, director de la Escuela de Literatura de la Universidad Católica. Él cree que cuando se agotan los mecanismos típicos de protesta “el cuerpo funciona como un signo no verbal que está respondiendo con mayor intensidad que las palabras”.

Los “indignados” españoles o los estudiantes latinoamericanos han adoptado medidas cada vez más extremas para exigir que se cumpla con sus demandas. Una de estas formas es el sacrificio del pudor para captar la atención del y hacer globales sus denuncias.

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