Una lección de buen periodismo para el poder político y la prensa
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En el fondo del pequeño set montado en la redacción de uno de los periódicos más influyentes de EE.UU. destaca la palabra ‘Live’. A la izquierda en su tradicional tipografía, Old English Text, reza: Washington Post.
Las cámaras enfocan a tres personas. En dos de ellas, el paso de los años es evidente en sus cabellos blancos y en su hablar pausado cuando responden las preguntas de Charlie Rose, periodista de esa casa editorial.
Como lo han hecho a lo largo de cuatro décadas, la entrevista a los periodistas John Woodward y Carl Bernstein giró en torno a un tema: el caso Watergate. No podía ser otro. Cientos de escritos hablan de que es uno de los íconos mundiales del periodismo de investigación. Por ello, el matutino preparó un especial en sus ediciones de papel y también digital, al cumplirse 40 años del hecho.
En la entrevista que se transmitió vía Internet esta semana desde la sede del Post, Woodward y Bernstein señalaron que Watergate fue un descarado y audaz asalto, liderado por (el presidente Richard) Nixon a sí mismo, contra el corazón de la democracia estadounidense: la Constitución, nuestro sistema de elecciones libres y el imperio de la ley.
“El Watergate del que escribimos en el Washington Post entre 1972 y 1974 no es el mismo que conocemos hoy. Solo era un atisbo de algo mucho peor. Cuando le forzaron a dimitir, Nixon había convertido su Casa Blanca, en gran medida, en una empresa criminal”, escribieron esta semana Woodward y Bernstein en una información de su diario.
En rueda de prensa, Woodward fue directo al decir que Watergate es la increíble historia de una presidencia. Lo sorprendente es de qué forma él estaba enojado y triste de ser presidente. Los presidentes pueden hacer grandes cosas. (...) Nixon se lo perdió, no entendió la función”.
Tal fue su impacto político, judicial y social que el hecho le costó el cargo al entonces presidente de los Estados Unidos, el republicano Richard Nixon, quien renunció el 8 de agosto de 1974.
Espionaje político
Todo comenzó, casi dos años antes, la noche del 17 de junio de 1972. En ese día, cinco hombres ingresaron a las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata, en el Hotel Watergate, en Washington D.C. James W. McCord, Bernard L. Barker, Frank A. Sturgis, Eugenio R. Martínez y Virgilio R. González querían colocar micrófonos para conocer las actividades de la campaña del candidato demócrata George McGovern.
Todo el plan se les fue abajo cuando Frank Wills, guardia de seguridad del hotel, alertó su presencia y llamó a la Policía. Los cinco fueron detenidos. Inicialmente se creía que era un caso de un sencillo robo. Sin embargo, cuando Woodward y Bernstein iniciaron la investigación del caso para el Washington Post no se imaginaban que este hecho tenía conexión directa con la Casa Blanca y con el presidente Nixon.
Fue un enfrentamiento directo con el poder político de ese entonces, apunta Ricardo Uceda, periodista e investigador peruano. Añade que Watergate fue una investigación que demostró la importancia de seguir sistemáticamente un hecho que es enigmático. “Que corresponde a una situación no esclarecida y que se debe buscar persistentemente, enfrentando una gran oposición del gobierno de entonces, enfrentando directamente al poder político”.
Poderes económicos o vinculados a un gobierno quieren ocultar. Entonces, el periodista debe soportar las presiones de estos sectores; por eso, es necesario que las empresas periodísticas se mantengan sólidas y fuertes.
Las presiones del poder
Por los 30 años de Watergate (1992), el periodista español Juan Luis Cebrián, publicó en diario El País, una nota sobre esta investigación. En una parte de su texto destacó la posición Katherine Graham, periodista y presidenta del Washington Post. “Ella tuvo que enfrentarse a numerosas presiones tendientes a parar los pies a los reporteros del diario encargados de la investigación.
Graham no dudó, dice Cebrián, en apoyar las tesis del director del periódico Ben Bradlee y de sus redactores a favor de continuar con la investigación y publicación de los hechos. “El argumento que sustentaba su decisión era bien sencillo: un diario es una empresa mercantil, y como tal se debe a sus clientes, pero es también un órgano de opinión pública, por lo que su obligación es servir, antes que nada, a los ciudadanos”.
El periodista estadounidense Silvio Waisbord, en el portal web Sala de Prensa, reconoce que el desempeño de la prensa en el caso Watergate es un espejo que refleja lo mejor que el periodismo puede ofrecer a la democracia: que el poder rinda cuentas.
Reconoce que el acceso a documentos públicos y a leyes que garantizan que los asuntos públicos se ventilen en sesiones abiertas son indispensables para el periodista investigador. “Cuando censura previa o leyes de difamación se ciernen en el horizonte, es poco probable que los órganos de información aborden temas sujetos a controversia, por la probabilidad de juicios costosos.
“Por consiguiente, las democracias deben reunir ciertos requisitos para que el periodismo de investigación sea efectivo y ofrezca información diversa y completa”.
Las consecuencias
Las secuelas de Watergate se han expandido por el mundo. Latinoamérica y Ecuador no podían ser la excepción.
Ricardo Uceda recuerda la revelación de diario La Nación de Costa Rica sobre el desvío de fondos para ex presidentes; en Colombia, la revista Semana descubrió las interceptaciones telefónicas del DAS a periodistas y oposición. En Venezuela, diario El Nacional descubrió el contrato de los gobiernos de Venezuela y de Cuba para fabricar las cédulas de identidad. En Ecuador destaca la investigación sobre el enriquecimiento y perjurio de jueces de la ex Corte Suprema, publicada por EL COMERCIO, y el trabajo en el libro ‘El Gran Hermano’.
Uceda ha empujado la investigación periodística en la región con el concurso que anualmente organiza el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) junto con Transparencia Internacional.
“En cada caso hay ejemplos de que el periodismo de investigación es de gran valor para las sociedades”, subraya Uceda.
Cuatro protagonistas de la investigación
Los periodistas que generaron la salida de un presidente
Carl Bernstein (68 años) logró el Pulitzer con su investigación sobre el caso Watergate. Se mantiene activo escribiendo artículos y libros.
Robert Woodward (69 años) tras Watergate se dedicó a escribir libros de investigaciones a sectores clave del poder y la cultura en su país.
‘Garganta profunda’ se mostró
William Felt, (1913-2008), fue el número dos del FBI cuando se destapó el caso.Informó sobre la participación de Nixon . En el 2005 se lo identificó.
Un ‘héroe’ que vivió en el olvido
Frank Wills, guardia de seguridad del hotel Watergate, llamó a la policía apenas vio la incursión de los agentes de la CIA. Murió en el 2000.


