Redacción Cuenca
La participación en la Bienal de Cuenca del 2004 fue una plataforma para el colectivo La Limpia de Guayaquil. Así lo ratifican Stéfano Rubira y Fernando Falconí, dos de sus actuales integrantes, cuando dicen que la obtención del Premio París en la edición pasada les impulsó en el ámbito nacional.
“Hicimos contactos con jóvenes artistas e instituciones culturales”, recuerda Rubira. Pero lo que más destaca fue el hecho de lograr “una vitrina para que nos conozcan en otros países, así como contactos con otros artistas”.
Como ejemplo está una propuesta que tienen para exponer en París en el segundo semestre de este año. Ahora La Limpia participa por segunda ocasión en la muestra de Cuenca.
En la Bienal, que se inaugura el 25 de abril, participan 50 artistas del continente. De estos, 14 son ecuatorianos que buscan espacios, en algunos casos, y mantenerse en el circuito, para otros como Jaime Zapata y Jorge Velarde.
Es precisamente roce internacional lo que los artistas logran al participar en la Bienal, según María Elena Machuca, miembro del Comité Organizador del Salón Nacional de Arte Contemporáneo Mariano Aguilera de Quito, una de las entidades curatoriales de la Bienal de Cuenca.
“La Bienal es un espacio de confrontación con la obra de los distintos artistas contemporáneos internacionales”, dice Machuca.
Pero también logran involucrarse con la comunidad, como ocurre con Juan Pablo Ordóñez. Este cuencano, el único que participa en la Bienal, trabaja desde hace más de seis meses en la instalación Grafías, en el muro del Monasterio de las Conceptas.
Ordóñez cuenta con la colaboración de los habitantes de la calle Hermano Miguel, en el Centro Histórico de la capital azuaya. Desde sus casas logra proyectar una suerte de ciclo solar en una de las paredes de local religioso.
Para Larisa Marangoni, coordinadora de la selección de artistas en Guayaquil, la propuesta de Ordóñez se destaca por vincularse con la comunidad. Añade que para cualquier artista ecuatoriano la participación en el evento constituye un honor y más cuando falta apoyo de las instituciones culturales del país.