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Redacción Cultura
En su disertación sobre el pasillo ecuatoriano, Wong identifica varias épocas clave en que este ritmo, que originalmente vino desde Colombia (antes desde Europa como música de salón), se nacionalizó y los músicos y compositores ecuatorianos lograron apropiarse de él. El pasillo incluso es conocido como música nacional, ya que lo mismo se ha compuesto y escuchado en la Costa como en la Sierra. Y ha sabido mantenerse, con altos y bajos, a través de los años. También se ha escrito por cantores populares así como ha servido de vehículo de la más refinada poesía, como la modernista de Medardo Ángel Silva. Wong identifica la época comprendida entre los años veinte y cincuenta como un momento trascendental en este proceso. Aquí, el personaje de la mujer en las letras está idealizado, a diferencia de a finales del siglo XIX, cuando la mujer era vista como un sujeto de culpas de desamores. Las frases “impúdica ramera” o “maldita tu trampa vagabunda”, utilizadas en pasillos populares de entonces, ya no se oían más y fueron cambiadas. Por entonces, el personaje de la mujer se reivindicó, e incluso llegó a convertirse como metáfora de la nación. Dentro de las letras, Wong identifica al sentimiento de “pérdida” como una de las constantes. “Siempre hay este sentimiento de pérdida, ya sea de la madre, del amor, de una posición. Talvez tenga que ver con la pérdida de la identidad, pero no he logrado encontrar una respuesta más clara todavía”, dice la musicóloga. El pasillo también ha sufrido varios cambios en su estética. Si anteriormente el pasillo había sido llamado ‘canción de maldición’, en otra época se lo conoció como ‘canción de condena’. Wong también identifica al elemento tecnológico como un aliciente para que el pasillo haya evolucionado. La radio, por los años veinte, escogió al pasillo como música de cabecera. Los discos que anteriormente eran producidos en Europa, por famosos sellos como Victor, ya se empezaron a producir aquí, gracias a la creación de disqueras ecuatorianas que vieron en el pasillo una oportunidad de expansión comercial en el país. De 272 piezas grabadas por entonces, 77 son pasillos y luego le sigue el vals, con 47 grabaciones. Incluso el pasillo estaba siempre en los primeros lugares en las listas de popularidad. En los cincuenta el pasillo dejó de ser una música bailable y se hizo música más lenta. Pero los setenta significan una época importante en la antología del pasillo. Wong afirma que el contexto social, como el ‘boom’ petrolero, así como el crecimiento de las ciudades, influyó en el pasillo. Así nació la música rocolera, con base principal en este ritmo. Para Wong ha habido varios momentos en que se ha buscado rescatar la importancia del pasillo como música de identidad nacional. Así recuerda cómo hace varios años la Orquesta Sinfónica Nacional hizo versiones de pasillos, e incluso grupos de rock hicieron del pasillo un pretexto para exponer su propia visión. En la actualidad, a partir del fenómeno de la dolarización y la emigración, se ha podido exportar de alguna manera el pasillo, que ha intentado buscarse un espacio compitiendo con ritmos como la tecnocumbia. La nostalgia, una vez más, se ha convertido en el marco de mantenimiento de la memoria musical nacional. Tras la música nacional |
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