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Tomó la afilada hoja de sigse y cortó el cordón umbilical de su hijo. Midió cuatro dedos e hizo el corte sin necesidad de tijeras. Ella misma dio a luz, no necesitó de médicos ni parteras. María Catucuamba solo observaba, apenas era una niña y ayudó a su madre a parir. Ella tuvo que ver cómo su progenitora se ponía de cuclillas mientras le pedía que le sostenga las caderas. Pujó una vez, dos y tres veces y salió el bebé. Luego se asustó al ver que de su madre salia un pedazo de carne. Era la placenta, pero pensaba que eso era malo. “La mujer no puede meter la mano al agua antes de los tres meses ni trabajar porque le da sobreparto y no está dura todavía”.
Así surgen las parteras. A María el oficio le cayó del cielo cuando tenía 12 años y a sus 69 sigue ejerciéndolo. No es la única. Pero, las comadronas no solo ayudan a parir, pues ellas son consejeras familiares de sus comunidades, barren la casa de sus pacientes, preparan caldo de gallina de campo y prenden el fogón. Esto no lo hacen las parteras, tienen sus métodos y saben lo importante que es el pudor para estas mujeres. Su conocimiento les dice que cuando un niño está por nacer el pulso de la paciente es rápido y que si la placenta se demora en salir lo mejor es ponerles una pluma de gallina en la boca para apresurarlas. Ximena Cevallos, directora de la Escuela de Obstetricia de Quito, sabe que no pueden irse contra la cultura de estos pueblos. Es más, las organizaciones de Salud han preferido capacitarlas. Y ahora, muchas ya no cortan el cordón umbilical con hoja de sigse sino con tijeras. Siguen usando su anaco, pero algunas se ponen guantes y mandil. Ahora llevan su maletín. Allí tienen algodón y alcohol para limpiar el ombligo del bebé. La práctica de colocar estera quemada ya no la usan. También tienen un poncho de aguas porque para ellas no importa si llueve o hace sol. Y nunca dejan de usar su vestimenta típica, porque la gente andina prefiere los colores intensos y no la bata blanca que usan los doctores y enfermeras. Piensa que las medicinas naturales aceleraron el proceso. No lo sabe con certeza pero cree que a las mujeres indígenas también se les facilita todo porque como no tienen vehículos caminan mucho. Ellas no viven de su trabajo. Esperan la reciprocidad de la comunidad en pago o a veces, como María, cobran 30 dólares el parto porque solo cuentan con eso y un par de borregos para vivir. Las parteras El Ministerio de Salud identificó a 1 589 comadronas. Supervivencia La mortalidad de niños menores de un año de madres indígenas es de 40 por mil nacidos vivos. En las mestizas es de 27 por mil. |
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