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Mariela Rosero, redactora
Para Zhou y Kao, de 34 y 37 años, la sopa es un manjar, un lujo, que pocas veces prueban. En Long Fong, su restaurante (Pérez Guerrero y Versalles), la porción cuesta 10 dólares. Al mes sirven unas 20 a sus paisanos, varios invitados de la Embajada de China. “Mantiene joven y dicen que sirve en el desempeño sexual”. Lo dice Kao, quien vive 20 años en Ecuador y admite que en China no degustó este platillo. “Allá es caro, solo para gente de clase alta”. La pareja no da mayor información sobre la forma en que obtienen las aletas de tiburón. Apenas cuenta que la compran a “unos amigos de Guayaquil”. Cerca de Long Fong, en el Mercado América, en la calle Buenos Aires, el sabor del tiburón es otro. Sobre los mesones de baldosa y en el piso aparecen las figuras de los ‘toyos’ (un tipo de este escuálido) de 50 y 100 libras, sin aletas. En este centro de acopio mayorista, esta carne es la más barata. Se vende por un dólar la libra. Igual cantidad de albacora y picudo valen 1,25 y 2,50 dólares. Varios dueños de los comedores la prefieren. Y, la sirven a sus clientes como corvina. Lo afirman los mayoristas, de Esmeraldas, que llegan al mercado a las 04:00 y venden todo hasta las 13:00. Uno de ellos es Héctor Estrada, de 52 años, también dueño de la cevichería Esperanzas del Mar. Como sus colegas está confundido con el decreto presidencial que permite la venta del tiburón pescado incidentalmente. Pero él no quiere venderlo por ahora. “Vea cuántos toyos hay en los puestos. Esto no es un accidente, es pesca directa”, admite. El director de Comercialización del Municipio de Quito no se admira al oír del expendio de tiburones en este y otros mercados. “Es tradicional y ocurre con normalidad desde hace más de 30 años, desde que tengo uso de razón”, indica Carlos Ordóñez. Le preocupa la extinción de esta especie, que permite el equilibrio de los mares. Pero, indica que el tema está en manos de la Subsecretaría de Pesca. Sus delegados recorren los mercados y verifican que se respete la veda de las especies. “Por lo ambiental desde hace tres años no servimos esta sopa, lo hacíamos bajo pedido”. Lo asegura Pablo Dávalos, administrador de Mágico Oriental y Happy Panda, con 20 y 10 años en el país. “Lo solicitaban los petroleros y funcionarios de embajadas. Decían que combatía el cáncer”. El investigador Julio Pazzos dice que así como en China, en Ecuador hay alimentos que se consumen por creencias no verificadas. “Resultan del imaginario cultural. Acá se dice que el ostión crudo con limón mejora lo sexual”. Pazzos cuenta que en el país se ha consumido la carne de toyo como cazón de leche desde hace años. Hay datos del siglo XVIII que muestran que en conventos como el Carmen Alto se lo comía. “Actores asiáticos como Jackie Chan hacen campañas para concienciar sobre el consumo”, afirma Xavier Bustamante, de Fundación Natura. Pero la demanda de Hong Kong, China y Singapur genera sobrepesca y depredación. “Allá usan cuernos de rinoseronte, vescícula de oso y más. Nos enfocamos en atacar la demanda externa. Hay que revisar el consumo interno y educar. La cantidad de tiburones sacrificada crece”. Punto de vista |
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