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| En la feria de Atuntaqui. Los microempresarios aprovechan la exhibición para mostrar sus diseños. Foto: EL COMERCIO | |
Redacción Ibarra
El crecimiento del sector de la confección en Atuntaqui provino de un episodio histórico que muchos mantienen en sus memorias. En 1965, tras 41 años de funcionamiento, la fábrica textil Imbabura cerró sus puertas y dejó sin empleo a cientos de lugareños.
Entonces los desempleados decidieron aplicar sus conocimientos en precarios talleres familiares. Así empezó una de las actividades que hizo de Atuntaqui, cantón Antonio Ante, ‘la capital de la moda’ en Ecuador.
Por esa razón, ahora, unas 300 microempresas (el 80 por ciento de las existentes) producen prendas de vestir y artículos para el hogar con calidad de exportación.
Castorina Calderón es parte de las pequeñas empresarias. Ella es dueña de tejidos Katty, una factoría que confecciona sacos de lana y que mensualmente elabora entre 4 000 y 5 000 prendas.
“Mi mercado es nacional y también exporto a Costa Rica, Colombia y Venezuela. Los contactos fueron conseguidos por Internet, enviando los modelos y recibiendo los pedidos. A Costa Rica se envían por mes 500 sacos y 1 500 a Colombia y Venezuela”, asegura Calderón, propietaria de esta microempresa con 20 empleados y que empezó hace 37 años.
Estas microempresas trabajan dentro de un gigantesco proceso de la confección. Por eso, no es extraño que durante las temporadas de mayor venta (Navidad, las ferias urbanas y mayo) entreguen su producción a firmas grandes.
Las dos ferias que se realizan anualmente en febrero y agosto (Expoferia y Moda Verano) son la vitrina de exhibición y punto de contacto para las microempresas, muchas de las cuales aseguran su venta para el resto del año. “Hace una década viajábamos a otras provincias para vender. Hoy, vienen a Atuntaqui porque valoran nuestra calidad, diseño y colores”, añade Calderón.
Juan Carlos Ortiz, presidente de la Cámara de la Producción Textil de Antonio Ante, considera que los microempresarios han modificado su forma de hacer negocios.
“Desde el 2000, muchos están en un proceso de aplicación tecnológica con el uso de ‘software’, ‘plotters’ y programas para optimizar el uso de la materia prima y mejorar los diseños. Ya no se teme al pago de impuestos y más bien hay una presión por innovar y competir con otros países”, dice.
Mario Suárez, de Confecciones Bambys, cree que la participación de las microempresas en el éxito de Atuntaqui fue decisiva. “Empezamos hace 14 años y nos especializamos en ropa de niña. Solo nos diferenciamos de las grandes firmas por el capital, pues también contamos con tecnología y mano de obra capacitada”.
En la zona urbana de la ciudad hay más de 150 locales, la mayoría de los microempresarios.
Datos del mercado
Las instalaciones de la antigua fábrica textil Imbabura fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación.
De esa planta surgieron alrededor de 500 pequeñas, medianas y grandes empresas.
Las nuevas factorías dejaron atrás la producción de hilo y telas de algodón de la fábrica Imbabura y se perfeccionaron en la confección de camisetas, ropa interior, pijamas, medias, edredones, sacos de lana e hilos y otros.
La demanda laboral de las microempresas (alrededor de 300) contribuyó con la reducción del desempleo cantonal. Según el Cabildo de Atuntaqui, el desempleo se ubica en el 4%.