Redacción Nueva Loja
Un nuevo éxodo de campesinos colombianos a Nueva Loja, Sucumbíos, genera preocupación en las autoridades ecuatorianas.
La canciller María Fernanda Espinosa señaló que “no se trata de población que llegó en busca de protección; por lo tanto, no está solicitando que se le reconozca como refugiada. Es una situación completamente distinta”.
El arribo fue progresivo. La Pastoral de Movilidad Humana de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos informó que el primer grupo llegó anteanoche. Lo hizo desde el municipio del Valle del Guamúez (Putumayo). Luego se sumaron decenas de pobladores de Orito y San Miguel, próximas a la parroquia General Farfán. Ayer, el servicio eclesial reportó el ingreso de 205, de ellos 25eran mujeres y 22 menores de edad.
Fabián Narváez, comandante de la IV División del Ejército Amazonas, aseguró que “vinieron con fines políticos y nuestro territorio no puede utilizarse para eso”. Sostuvo que si insisten en negarse a ocupar el refugio quedarán como emigrantes ilegales.
Los campesinos improvisaron cocinas, dormitorios y lavadoras en la Catedral y en los alrededores. Sufrieron escasez de agua y de alimentos, pues la mayoría no quiso ir a los siete refugios que hay en la provincia, pese a que la Fuerza Pública, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Gobernación solicitaron su traslado a uno de ellos, ubicado a 10 km.
Carlos, líder de los moradores de Orito, contó que buscan amparo. “Las fuerzas militares y paramilitares están matando a los campesinos, necesitamos protección”.
Los colombianos pretendieron realizar una concentración masiva y una marcha hasta la Gobernación y el Consulado de Colombia. Empero, el Gobernador y la Fuerza Pública lo impidieron.
Al mediodía hubo restricciones para 157 foráneos que querían ingresar por General Farfán y Puerto Nuevo. El Ejército y la Policía desplegaron sendos operativos para exigir documentos.
A la altura del río Teteyé, Nueva Loja, el Ejército detuvo vehículos y requisó a los viajantes. “Tenemos la responsabilidad de garantizar su presencia, siempre que respeten nuestras leyes”, dijo el jefe de Policía, Gonzalo Cabezas.
Al mediodía, el Comité Binacional de Pueblos Fronterizos denunció que un grupo fue retenido en el control. El dirigente Nelson Alcívar pidió sensibilidad a la Fuerza Pública. “Los ecuatorianos también estamos ávidos de reclamar por nuestra gente que murió a bala en la frontera”.
En la Catedral, los campesinos esperaron ansiosos la llegada del último grupo para iniciar las medidas programadas, para reclamar alternativas de producción ante la erradicación de la coca.
También anunciaron que entregarán una lista de los ecuatorianos que murieron en su territorio como víctimas de los militares y paramilitares colombianos.
Buena parte renegó las filmaciones y fotos. “Nuestra vida pende de un hilo, estamos amenazados”, dijo una madre de familia.
El resguardo de seguridad fue estricto en la Catedral. Los foráneos solo salían con custodia. Así ocurrió hasta las 17:10, cuando fueron trasladados al albergue, en la vía Nueva Loja-Quito.
Para entonces, el hambre desesperó a la gente. En todo el día, la mayoría solo había comido un sánduche y un vaso de agua.
El Acnur no entregó alimentos, sí un lote de colchones. El gobernador William Barba sostuvo que la entrega de alimentos canalizarán el Ministerio de Inclusión y el Programa Mundial de Alimentos.