Ana María Carvajal Ron. Redactora
Cámaras, maletas, cobijas, bebidas hidratantes, cervezas, ‘snacks’... Todo estaba listo a las 00:00 del sábado para que uno de tantos grupos de amigos saliera desde Quito hacia Guayaquil, parada en Ecuador de la gira Me verás volver del trío argentino Soda Stereo.
Marisa, Gabo, Alexandra, Daniel, Andrés, Tavo, Andrea, Diego, Ronny, Fernanda, Ximena y Fernando son algunos de los cerca de 15 000 fans quiteños que rompieron el chanchito para ir al show.
Las alternativas
Viajar en un auto propio, ir en cooperativas de buses regulares o contratar una van o un automóvil fueron algunas alternativas de los fanáticos.
Los vuelos Quito-Guayaquilse saturaron para el fin de semana. Aerolíneas como Ícaro o Aerogal abrieron vuelos ‘alfa’ (extra) para satisfacer en alguna medida la demanda de pasajes para estas fechas.
El grupo, de entre 25 y 30 años, armó el viaje en cuanto se confirmó la venida de Soda al país. Al no encontrar boletos de avión, el grupo contrató una furgoneta. Con capacidad para 12 pasajeros, al final transportó a 15, incluidos el conductor, su acompañante y la reportera de EL COMERCIO.
Dormir no era una prioridad y fue fácil restar importancia a la incomodidad con una ‘guitarreada móvil’. El brazo de la guitarra salía por una ventana y en la van se cantaba de todo: son, folclórica, y como invitado especial, el rock argentino. Temas de Los abuelos de la nada, de Sui Géneris o de Andrés Calamaro se hilvanaban.
Las paradas fueron frecuentes, unas para comprar un poquito de licor (para aplacar el frío y amenizar el trayecto); otras fueron ‘paradas técnicas’ (léase comprar algo de comer, ir al baño o estirar las piernas). En una de ellas, en una gasolinera, otro tour de ‘sodamaníacos’ se cruzó en la madrugada.
Entonces tras los saludos y una breve charla, el grito de “olé olé olé olé, Soda, Soda” se dejó sentir y sumó expectativa en el viaje.
En las curvas de Santo Domingo hacia adelante o hacia atrás del camino se veía una caravana que, al ritmo de música ligera, viajaba al concierto. Solo en la compañía de buses Panamericana salieron 11 recorridos extras.
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Gustavo Cerati, vocalista de Soda Stereo. Foto: EL COMERCIO | |
En la ‘furgo’, ya amaneciendo, unos más, otros menos, pudieron dormir un poco. Abrigado el clima en la provincia de Los Ríos, el trajín del viaje empezó a traducirse en la ansiedad por llegar.
Ya en Guayas, un silbido con las notas del ‘jingle’ de la propaganda del Consejo Provincial de la provincia surgió en la cuarta fila. En el Puente de la Unidad Nacional, algunos imitaban las voces del presidente Correa y del
alcalde Nebot, en la polémica sobre el uso del puente Alterno Norte.
Ya en Guayaquil, hay una pregunta: ¿Bolones de verde en El café de Tere o ir en busca de un encebollado? La primera opción ganó: unos contentos y otros no tanto hicieron cola para escoger entre bolones de verde con queso, con chicharrón o mixto o tigrillo (verde majado con queso, chicharrón y huevo), con una taza de café o un vaso grande de jugo de naranja.
¿Y los cangrejos? Ya habría tiempo para ellos en el almuerzo. Por lo pronto había que llegar a la Hostal Europa, que por USD 15 les permitiría dejar las maletas allí, tomar un baño y salir a esperar en la fila para entrar al estadio. La tarde y noche pintaban para largo. Un fin de semana sin dormir no está mal si se trata de tener un lugar para ver volver a Soda 10 años después de su despedida.