Redacción Tecnología
Las baterías de los teléfonos celulares también contaminan. Un teléfono puede contener más de 500 componentes y algunos de ellos tienen metales tóxicos, como plomo, cobalto, zinc y mercurio, aluminio, cobre e incluso carbón.
En España, la recolección de baterías de celulares es obligatoria, pero en Ecuador estas son desechadas en la basura y se oxidan, al igual que cualquier pila, a cielo abierto o guardados en el cajón.
Con el aparato
Una investigación publicada en el diario El Universal de México advierte que en el mundo, solo el 2% de las pilas se reciclan para obtener microgramos de oro, plata, platino y cobre.
La revista Scientific American advierte que el año anterior se desecharon en el mundo alrededor de 125 millones de teléfonos.
Las cubiertas de algunos circuitos están elaborados con plomo y berilio. Estos son considerados toxinas persistentes, puesto que pueden permanecer en el ambiente durante algunos años.
Los celulares, al igual que las computadoras, quedan obsoletos cada año, por lo que el número de baterías desechadas crece.
Un informe de la empresa The Phone House estima que la vida media de estos aparatos está entre los 16 y 24 meses. Muchos de sus componentes son reutilizables, pero en el país no hay iniciativas al respecto. El mayor riesgo es que los metales tóxicos ingresen al suelo y se filtren a los cuerpos de agua subterráneos.
Para evitarlo, un equipo de estudiantes de la Facultad de Química, de la Universidad Central, propone el reciclaje de las baterías de los teléfonos móviles.
Su proyecto empezó hace dos años con las pilas de los relojes y luego enfocaron su atención en estos dispositivos móviles.
David Chuquer, uno de los estudiantes que participa en el proyecto, manifiesta que el principal objetivo es someter a las baterías a un tratamiento para crear productos que sean útiles en la industria y en los laboratorios.
Las baterías están envueltas en cintas, así que estos jóvenes primero las abren para realizar el proceso. Evelyn de la Torre señala que efectúan un ataque ácido para separar el carbón impregnado en las cintas. “De acuerdo con el material que tiene esta, hay que aplicar diferentes tratamientos para extraer los metales pesados”.
El ataque ácido consiste en someter a las pilas a una solución concentrada para que el tratamiento sea rápido y no afecte la salud de quienes manipulan estos dispositivos. Lorena Calderón, miembro del equipo, manifiesta que durante el tratamiento, convierten el cobalto en una sal de cloruro de cobalto que, en lugar de contaminar el ambiente, puede ser utilizada como insumo para un laboratorio químico.
A partir de los metales pesados de los teléfonos también lograron elaborar sulfato de cobre, un compuesto que es utilizado, con frecuencia, para desinfectar las piscinas. Con estos procedimientos, estos jóvenes otorgan, además, un valor a las pilas de estos aparatos.
Chuquer explica que estos dispositivos que permiten que los teléfonos funcionen están compuestos por un ánodo que es la tira métalica, (el cobre), y un cátodo. En medio está el electrolito, una solución que hace posible la generación de energía y, por lo tanto, enciende el teléfono móvil.
Este electrolito puede ingresar al suelo si permanece en un botadero. “La carcaza del celular se corroe con el tiempo y el líquido fluye por el suelo. El principal problema es que contiene compuestos orgánicos, metales pesados, peligrosos”. Estos compuestos son bioacumulables: mientras más expuestas están las personas a ellos corren el riesgo de adquirir algún tipo de cáncer.
El estudio que desarrollaron estos jóvenes obtuvo el primer lugar en un concurso, organizado por la firma Bayer, sobre el Calentamiento Global y Cambio Climático. En esta cita hubo alrededor de 100 participantes.