Olger Calvpiñoa. Coordinador
Matón de barrio”, “catador de urinarios”, “meretrices de la política”, “nariz de tiza de sastre”… Esos son algunos de los epítetos usados en la política nacional. El insulto y la diatriba son recursos que han usado los políticos del país desde el inicio de la República y que, dada la coyuntura actual, vuelven a la discusión.
El país nació en medio de un conflicto político que se expresó en la prensa, recuerda el historiador y catedrático universitario, Enrique Ayala Mora. Así, a inicios del siglo XIX algunos periódicos fueron usados para agredir a los gobiernos de turno. Entre estos medios resaltó El Quiteño Libre, mediante el cual Pedro Moncayo combatió a Juan José Flores.
Ya a finales del siglo XIX, el enfrentamiento entre Gabriel García Moreno y uno de sus principales opositores, Juan Montalvo, llegó a tal punto que el ex mandatario, quien murió asesinado en las gradas del Palacio Presidencial, escribió un soneto en el que se burla de Juan Montalvo, que estaba baldado. Allí lo confundió con un “torpe animal de cuatro patas”.
Pero el escritor ambateño y autor de muchos ensayos también fue prolijo y abundante en sus expresiones para sus rivales. En la segunda Catilinaria, que estuvo dedicada a la forma de comer del presidente Ignacio de Veintimilla, escribió: “Su comida dura cuatro horas; aborrece lo blanco, lo suave; carne y mucha carne: carne de buey, carne de borrego, carne de puerco; toda carne engulle...”.
El ambiente no cambió en el Siglo XX. Durante la Revolución Liberal los conservadores publicaron una letanía contra Eloy Alfaro. “Del indio Alfaro, líbranos, Señor...” y otros estribillos rezaban en procesiones nocturnas con antorchas encendidas. Así escribe Simón Espinosa en una biografía del ‘Viejo Luchador’.
En la década de los cincuenta los insultos no dieron tregua. La revista La Calle, fundada por Alejandro Carrión y Pedro Jorge Vera, confrontó con el presidente Camilo Ponce. Con frecuencia publicaban una caricatura en la que se lo representaba con una rata.
José María Velasco Ibarra fue, a decir de Ayala Mora, uno de los más grandes insultadores del siglo XX. El cinco veces Presidente tenía una lista de -por lo menos- 20 epítetos que usaba en contra de sus adversarios políticos. Como ‘ignorantes’, ‘rábulas’, ‘abogadillos sin conciencia’, ‘vende-patrias’, ‘izquierdistas de escritorio’, ‘mercenarios’… calificaba a los diputados de la bancada de oposición.
Antes que insultos, Velasco fue un inventor de localismos, que solo tenían vigencia en el Ecuador. Tenía una gran agilidad mental”, precisa el historiador y abogado Rodolfo Pérez Pimentel, quien tiene estudios sobre varios personajes de la historia nacional.
Las expresiones de Velasco Ibarra, que todavía usan algunos políticos vigentes, eran repetidas por su ministro de Gobierno y uno de sus más fervientes seguidores, Manuel Araujo Hidalgo.
Pero así como descalificó a sus opositores, también recibió su parte. La consigna de los estudiantes de la Universidad Central, en 1970, cuando clausuró ese centro de estudios fue: “loco, fascista, cretino y asesino”. Esos gritos los escuchó más de una ocasión en las gradas de Carondelet.
Pero quien logró la combinación perfecta entre el humor y la sátira fue Asad Bucaram, el líder de CFP que dominó el escenario político entre los sesenta y setenta. “Don ‘Buca’ fue un hombre delicado en el trato, pero también mordaz cuando se refería a sus opositores”, precisa Pérez Pimentel. Y recuerda que al líder del MPD, Jaime Hurtado, asesinado hace nueve años, le decía ‘distinguido legislador’, pero porque “desde lejos se distinguía la dentadura blanca cuando Hurtado se reía”.
Un estilo fue del ex presidente Carlos Julio Arosemena Monroy, quien fue muy hábil al poner apodos a sus opositores. En alguna acalorada sesión congresil se refirió a su colega cuencano Juan Tama Márquez -por su baja estatura- como un “catador de urinarios”.
También le llamó “gallo hervido” al ex demócrata cristiano Julio César Trujillo. El aludido también le respondió como “borracho empedernido”.
A decir de Ayala, en el país la violencia física se remplazó con la violencia verbal. “Hay menos muertos y más insultados. La violencia verbal ha sido y es una forma de alivianar las tensiones políticas”.
Pero también se registraron peleas ‘plazuelas’, muchas veces provocadas porque algunos legisladores consumían alcohol durante las sesiones nocturnas, que se suspendieron en 1996. Campeones en este género, dice Ayala, fueron los hermanos Bucaram. Abdalá, repetidas ocasiones, se refirió en términos despectivos de sus adversarios de turno. A Rodrigo Borja le llamó “nariz de tiza de sastre”. La lista de epítetos es enorme.
A decir del catedrático y politólogo Alexei Páez, el insulto impacta y tiene vigencia porque en una sociedad política el conflicto prevalece sobre el consenso. “El conflicto representa a una sociedad fragmentada, no instituida en una sociedad política, viable, que no acepta las reglas de juego”.
“Prefiero que me digan mentiroso a que me digan tonto, vanidoso y ladrón como el pueblo le dice a Noboa”.
León Febres Cordero. Ex Presidente
“El señorito Jaime Nebot (actual alcalde de Guayaquil) solo se ocupa de sus calzoncillos rosados",
Abdalá Bucaram. Ex Presidente de la República.
“Socialistas de escritorio, abogadillos sin conciencia y vendepatrias.,. meretrices de la política...”.
José M. Velasco Ibarra. Ex Presidente
“Tiene la palabra la señora diputada Isabel Robalino, disculpe, le digo señora por la forma que coge el micrófono.
Asad Bucaram. Ex Presidente
“Tú enano, cállate, catador de urinarios (Juan Tama Márquez, representante por Azuay)”.
Carlos Julio Arosemena. Ex Presidente
“El ex presidente de la República Osvaldo Hurtado es más aburrido que chupar un clavo”.
Rafael Correa. Presidente de la República