Redacción Sociedad
‘Daysita no tires los zapatos, no dejes botadas las medias, lleva la mochila al cuarto, Daysi, ¿me estás oyendo?”. Si le parecen familiares estas palabras, entonces alguna vez sintió el mismo enojo de Raquel Sarmiento, cuando su hija llega de clases y va
formando un camino hasta el cuarto con su ropa y cuadernos.
“Mi hija es súper desordenada, no sé qué hacer con ella, parece sorda. Igual a su papá”, señala la ama de casa, de 45 años.
Estas palabras, según la psicóloga Cristina Pérez, son claves para entender porqué los niños no son ordenados en su casa. “Sus padres son el ejemplo. Ellos hacen lo que ven, si uno de los padres no es ordenado, entonces el niño piensa que no hay porqué serlo”.
En ello coincide el psicólogo César Mosquera, quien sostiene que “la disciplina debe practicarse desde que son pequeños”.
De esta manera, según el especialista, los padres deben cultivar en sus niños, desde que nacen y no cuando van a la escuela, la costumbre de tender la cama antes de salir de casa, poner los juguetes en su lugar y limpiar el cuarto.
La observación es la clave. “Los niños deben ver que sus padres ordenan la casa, ellos ayudan sin que nadie les diga. Cuando son pequeños –recalca Pérez- apenas lloran sus papás les dan el biberón. El resultado son niños desordenados desde ese momento”.
Ismael Castillo tiene tres hijos. Y comenta que ninguno de ellos es ordenado. “Es culpa de su mamá, yo soy organizado y muy recto”.
Mosquera cree que la responsabilidad en los hábitos de los pequeños no es solo cuestión de la madre. “Alguno de los dos debe tomar la batuta, y poner las reglas claras en los niños, reglas que no cambiarán con el tiempo”.
Andrés Galarza (11 años) tiene su cuarto ordenado. En su escritorio tiene, incluso, divididos sus útiles escolares por color y forma.
Desde hace poco -dice- decoró un cartón con acuarelas y crayones para colocar su ropa sucia. “Mi mami me enseñó estas buenas costumbres. Cuando alguien me visita no paso vergüenza”.
Su madre Astrid Villarroel aprendió este hábito desde pequeña y ahora lo comparte con sus hijos. “Por ser ordenada hago hasta las tareas del hogar rápido. Por ejemplo, si necesito una tijera o un esfero no desbarato la cocina”.
En la casa de Thalía Acosta (5 años), ella, aunque pequeñita, tomó la batuta. Con la ayuda de su mamá arregla su cuarto. Su madre Graciela Montalvo dice que a sus hijos “siempre les enseñó el orden y les estimuló con premios”.
Mosquera sostiene que el orden es importante en la casa, pero es malo caer en una obsesión. “Esta manifestación -dice- se da cuando los padres no permiten que sus hijos arruguen la cama o boten una sola miga de pan”.
Las consecuencias -indica Mosquera- son el estrés y las cefaleas, tortícolis continuas, que generan en una gastritis en los niños.
Según el experto, la limpieza en casa debe ser luego del juego. “Los niños tienen la obligación de divertirse, pero también ordenar”.
Marco Peñaherrera, padre de familia de dos niños, cree que en la escuela se debe estimular el orden en los niños. Pero la maestra Mercedes Ocampo afirma que los educadores “solo refuerzan lo que los niños aprenden en su casa”. Con canciones, refranes, adivinanzas y concursos -cuenta la maestra- educa a los pequeños.
Katty Pérez, maestra del jardín Gotitas de Ternura, tiene un pequeño cuarto en el aula, en donde todas las semanas toma lección a los pequeños de cómo se debe tender la cama, barrer el cuarto y limpiar sus canceles.
Mosquera afirma que estas actividades son buenas, pero la escuela no debe traumar con el orden al pequeño, porque cuando llega a su casa, el niño hará lo contrario a lo que aprendió en el aula, y al igual que Daysi, tirará su ropa y cuadernos por donde pueda.
Las reglas claras
Los niños de 0 -3 años imitan a sus padres. Según la psicóloga Cristina Pérez, los papás deben enseñar con el ejemplo.
De 3 a 6 años, los niños exploran. En esta etapa se debe incentivar el orden en los chicos con juegos, canciones y refranes. Los padres deben enseñar a los pequeños que el orden es un hábito.
De 6 a 8 años se refuerzan los hábitos. De 12 a 15 años, los padres deben respetar los espacios de sus hijos. En esta etapa es importante que ellos sepan las reglas claras.