Olga Imbaquingo. Corresponsal
Alfombra roja para la obra del pintor ecuatoriano, Oswaldo Guayasamín se tiende en cinco ciudades de EE.UU. 40 de sus obras visuales se exponen en el Museo de las Américas, en Washington. Allí estarán hasta el 29 de mayo.
En la muestra hay obras de las series de La Edad de la Ira y la Edada de La Edad de la Ternura, además de retratos, autorretratos y algún paisaje. La exhibición, que empezó a tomar cuerpo hace más de un año, tiene el auspicio de varias fundaciones, del
Departamento de Cultura del Banco Interamericano de Desarrollo, de la Embajada de Ecuador, American Airlines, Microsoft y, sobre todo, de las Universidades de Vanderbilt y Georgetown.
Esta misma muestra, antes de arribar a Washington, ya estuvo en la galería Sarrat y en las salas de arte de la Universidad de Vanderbilt, en Nashville, Tennesse. Esa colección tiene más de 5 500 piezas desde la Antigüedad y el Renacimiento hasta el Arte Contemporáneo. Desde el próximo otoño será sala permanente para 150 fotografías de Andy Warhol.
“La protesta social puede adquirir muchas formas: canciones, ensayos, discursos, demostraciones públicas. Pero nada convence más directamente que una sola imagen, ese es el poder del arte de Oswaldo Guayasamín”, dijo The Tennessean, el periódico más importante de ese estado.
La obra de Guayasamín no es conocida en EE.UU. y su arribo es visto como una oportunidad para difundir lo que Edward Fisher, director del Centro para los Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de Vanderbilt, reconoce en él: “una muy profunda preocupación por la justicia social, la cual se la ve a través de toda su obra”.
Por ejemplo, Reunión en el Pentágono, que en otros tiempos no habría podido llegar hasta aquí, es vista como una dura crítica a los hacedores de guerras.
Fisher, además, observa que “de la misma forma como conmemoramos el holocausto, necesitamos recordar las atrocidades que pasaron en Latinoamérica y otras partes del mundo”. Para ello es práctica y urgente esa visión, pues Guayasamín es uno de los pintores que reflejó esa tragedia en sus cuadros, aunque su nombre no diga mucho en Estados Unidos.
Esa es una de las ironías de la vida y obra del pintor. Guayasamín en algún momento recibió el impulso de uno de los representantes del capitalismo del siglo XX, Nelson Rockefeller. Fue este hombre de la política, el mecenas que ese tiempo ya impulsaba al muralista mexicano Diego Rivera, quien se dejó impresionar por la obra del ecuatoriano y logró que se expusiera en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Para Luis Gallegos, embajador del Ecuador en Washington, “el hecho de que sea la primera exposición de Guayasamín en más de 50 años es un esfuerzo de muchos actores para posicionar al país en un ámbito político complejo, donde los valores tienen que ser resaltados para tener una idea de lo que es el país en su profundidad”.
Como complemento de esta exhibición también se presentarán los documentales ‘El Cojo Navarrete’ y ‘El Chulla Romero y Flores’, el 23 de abril.
Además, a cargo del artista Gabriel Gross estará el mural que pintarán los niños de las escuelas que visitarán la muestra, al igual que las copias individuales que harán los chicos sobre los cuadros del pintor indigenista. También se han previsto conferencias sobre la vida y obra de Guayasamín.
Entrevista
Joseph Mella, Curador del Museo de la Universidad de Vanderbilt
‘Llegó la hora de conocer a Guayasamín’
¿Cómo llegó a ser el curador de la exhibición de Guayasamín en EE.UU.?
Fue en el otoño del 2006 cuando mi colega Carlos Jáuregui conoció a Pablo, nieto de Guayasamín, quien le planteó que sería interesante presentar la obra de su abuelo en Estados Unidos. Al explorar las posibilidades junto a Edward Fisher me sentí atraído por la obra y por el artista, que aquí ha sido muy subestimado.
Guayasamín fue controversial, en parte porque focalizó su obra en la denuncia social y política. ¿Usted resalta ese hecho o destaca alguna otra característica particular?
Intentamos una muestras representativa de toda su obra. Desde sus inicios, pasando por la etapa donde pinta los duros momentos del indigenismo y, por su puesto, su madurez, que se resume en La Edad de la Ternura” y La Edad de la Ira. Queremos que se mire los diferentes aspectos del ser humano, no solo el lado político y crítico de la obra, aunque esa etapa es muy importante.
¿Puede hacer una caracterización general de qué tipo de artista fue Guayasamín?
Su gran contribución durante el siglo XX fue su capacidad de comunicar ideas sobre injusticia social, política, económica, durante esas difíciles décadas de los sesenta, setenta y ochenta. Su genialidad fue capturar las emociones para que vayan directo al corazón. Su trabajo es único y poderoso.
¿Por qué las obras de este pintor reconocido en Europa y Latinoamérica, que raramente se ven en EE.UU. estarán en cinco ciudades?
No queríamos una exhibición para unas 2 000 personas. Queremos un gran evento, que vaya más allá de Vanderbilt. Queremos posicionarlo en ciudades clave: aquí en Washington, por la naturaleza política de la capital, en lugares donde hay amplia población latina, en universidades.
¿Por qué Guayasamín no ha logrado ser un artista conocido en Estados Unidos?
Por la política en la Guerra Fría. Cuando Guayasamín pintó La reunión del Pentágono, en los setenta, estaba pintando la Guerra Fría y en su opinión Estados Unidos estaba en el lado equivocado. EE.UU. apoyó el derrocamiento de Allende en Chile y Guayasamín se opuso a eso. Él fue un buen amigo de Fidel Castro y su imagen se polarizó, y toma tiempo revertir esas ideas. De eso hablaré en Georgetown University. Siempre miramos a Rivera, Siqueiros u Orozco como los íconos del arte latinoamericano, pero ha llegado el momento de ver otros artistas y otro arte de diferentes países.