Natalia Springer. Investigadora colombiana
Su trabajo de investigación advierte que en Colombia hay 40 000 niños vinculados a grupos armados ilegales. ¿Cómo entender esa cifra?
Este número tiene que ver no solo con el reclutamiento de niños por parte de todos los grupos armados, sino también con su uso. Ellos trabajan en todo el circuito del narcotráfico y negocios anexos: la siembra de coca, producción de la pasta, el transporte, la logística, la venta... Se convierten en escudos humanos.
¿Delinquen activamente?
Muchas de estas acciones se tercerizan en bandas delictivas compuestas por adolescentes. Grupos paramilitres que no se reinsertaron o volvieron a la guerra reclutan a niños para sus actividades.
¿Por qué razón está aquí?
Su trayectoria. Es consultora independiente en temas de conflicto armado para varias instituciones, entre ellas la Fundación Maya Nasa de Bogotá. Escribe columnas para los diarios El Tiempo y Le Monde Diplomatique.
Su punto de vista. Cree que en Colombia, unos 500 000 niños son vulnerables para caer en la dinámica de la violencia.
Desde la lógica de la guerra, ¿qué hace atractivo reclutar a los menores?
Los niños, niñas y adolescentes son mano de obra indispensable. El factor social que permite con más fuerza este reclutamiento es el narcotráfico. Al ser una actividad ilegal, necesita de mano de obra que esté protegida por la legalidad. La Legislación colombiana impide que un niño sea utilizado como un testigo o informante, si este cae en una redada. Los niños pasan con mucha más facilidad los controles.
¿Desde qué edad se vinculan a este drama?
Hablamos de un promedio de 12 años, que está bajando. Hay casos de niños de seis y cuatro años ya reclutados.
¿Cómo se usan a los niños como escudos humanos?
Cuando un combatiente se esconde en una comunidad y pone en riesgo a los niños. A ellos también se los usa para transportar alimentos. Ya no se hacen fogones para que la Fuerza Aérea no ubique a los grupos irregulares, los menores les llevan la comida.
¿Qué beneficios pudieran recibir los infantes por esta dolorosa actividad?
En las FARC y el ELN, los menores no reciben un pago. Con los paramilitares y grupos vinculados al narcotráfico hay una remuneración. En todo caso, lo que debemos ubicar son las motivaciones sociales de esa realidad.
¿Puede causar interés en los niños ser parte de esos grupos armados?
Se ha dicho que ellos se van por voluntad. Eso es falso, así el menor diga que lo hizo sin que lo obligaran. Allí la responsabilidad del Estado colombiano es inmensa.
¿Responsabilidad o culpabilidad directa?
Ambas. El Estado tiene mucho que ver por omisión y por acción, ya que estos niños pertenecen a una población de supervivientes económicos. Eso les hace factibles de ingresar a la ilegalidad.
¿Es por el ambiente de violencia en el cual se desenvuelven a diario?
La economía ilegal garantiza unos mínimos de supervivencia que la legalidad no logra. En estudios de coca se ha encontrado que los campesinos no ganan dinero, pero sobreviven. La gente que siembra y cosecha, al primer signo de depresión económica, emigra o se desintegra como familia para buscar nuevas actividades, muchas ilegales.
¿Para los campesinos y los niños es fácil entrar y salir de estas economías ilegales?
Usted pone un paso adentro y ya es parte de la guerra y se vuelve un objetivo militar. Para estos niños, decidir entre morirse de hambre o vincularse a este sector no es una elección, sino una supervivencia.
¿Antes que la guerra, son víctimas de la situación agraria colombiana?
En el perfil de las muestras que tomamos, la mayoría de estos menores son del sector rural, campesino y con niveles educativos muy bajos. Pero también hay urbanos.
¿Eso es nuevo?
Los grupos armados entran a las ciudades porque así se protegen de los bombardeos de la Fuerza Aérea y de la Armada. Además, en la ciudad es más difícil una confrontación o ser identificados. En las ciudades se hace narcotráfico, milicia e inteligencia.
De los 40 000 niños ¿cuántos combaten en las guerrillas y grupos paramilitares?
Parte de la investigación se realizó con 11 000 desmovilizados individuales, entre adultos y menores, a través de un sistema aleatorio. Así comprobamos que, al menos, un 42% de los miembros de las FARC lo integran niños, adolescentes o adultos que ingresó siendo menor. En el ELN la proporción es del 45%. En las autodefensas establecimos, con más dificultad, que uno de cada tres o cuatro combatientes son niños.
¿Muchos de ellos nacen de las guerrilleras?
Todos los grupos armados ilegales violan los derechos sexuales y reproductores: está prohibido tener hijos. El 29% de la muestra analizada tenía un familiar en estos grupos, pero solo a nivel de tropa rasa. Los comandantes mandan a sus hijos a estudiar en el extranjero y no combaten.
¿Por qué se castiga el embarazo en estos grupos?
En la guerrilla se encontraron patrones de abuso a niños y niñas. La actividad sexual es una obligación para ellos, de acuerdo con los gustos de los comandantes. Se sabe que a las mujeres se las esteriliza y es conocido que la guerrilla y los paramilitares tienen epidemias de enfermedades de transmisión sexual. Por eso se demanda servidumbre sexual nueva, que en su mayoría son menores.
En el paramilitarismo hay dinámicas de prostitución.
Entrevistó: Carlos Rojas, corresponsal en Bogotá.