Rubén Darío Buitrón, periodista y escritor
Redacción Judicial
El Gobierno prohibió a la Policía facilitar a la prensa la obtención de fotos de personas fallecidas, pensando en la crónica roja. Usted la defiende. ¿Cuáles serían las características periodísticas para su manejo?
La crónica roja en el país ha sido estigmatizada. Ha sido mal vista por intelectuales, académicos y por un sector social que piensa que es nociva. Es lo contrario, como dice Eduardo Galeano es la mejor forma de conocer los intersticios de la sociedad, eso que guarda debajo de la alfombra. Para eso está la crónica roja, pero una bien escrita, bien elaborada y que tome elementos de literatura. El dramatrugo Artur Miller dijo que un diario es una nación hablándose a sí misma. Creo que la sociedad cuando no quiere ver la crónica roja, en el fondo no quiere ver sus pobrezas, sus miserias, lo que le hace daño, existen realidades que no podemos ocultar.
¿Por qué está aquí?
Su trayectoria. Rubén Darío Buitrón es periodista y escritor. Fue editor general de diario El Universo, colaborador de Expreso y de otras publicaciones.
Su punto de vista. Piensa que el Gobierno no puede censurar la publicación de la crónica roja en los medios del país.
¿Qué causa más conmoción dentro de la sociedad, una foto o un texto?
A muchas personas las imágenes. Pero esa es la realidad. Es lo que ocurre todos los días y es bueno que la gente lo sepa. Los ciudadanos tienen la libertad de ver o no esas imágenes; de comprar o no un periódico. Pero ocultar la realidad sería lo peor para la sociedad. Por eso, me parece descabellado el argumento del Gobierno que dice que en el momento que no se difunda tanta información policial va a bajar la percepción de inseguridad.
La interpretación gubernamental es que mientras se multiplican las publicaciones de inseguridad crece una percepción, que incluso no es real. ¿Es válido ese análisis?
De ninguna manera. Porque si los medios no mostraban, por ejemplo, que hubo un asalto en El Bosque, donde entraron armados con metralletas, no hubiéramos conocido ese delito y no hubiéramos pensado cómo están los niveles de inseguridad en el país, que incluso en los lugares que nos sentíamos protegidos, no lo estamos. Pero eso no depende de la prensa si no de la realidad.
La crítica es que la prensa maximiza los delitos, que no busca contextos ni hace investigación.
El caso Fybeca no se hubiera conocido, si nosotros no hubiéramos estado en el lugar y en el momento de los hechos. Este es un caso emblemático de cómo el poder maneja los hilos para que ocurran ciertas cosas. Fue un intento para que la sociedad aplauda una forma de reprimir y de practicar ejecuciones extrajudiciales. Con la nueva medida, el caso Fybeca no se hubiera conocido. Creo que hay ciertos rasgos ocultos en esta medida.
¿Cuáles?
De impunidad y también es demagógica. No es aislado que la lanzarán un mes antes de las elecciones, lo hicieron para ser aplaudidos. También puede abrir las puertas para otro tipo de censura. El viernes leí en el diario público que es la hora de un Gobierno diga la línea de los escrúpulos que deben tener los medios. En el momento que un gobierno de izquierda o derecha determine esa línea perdimos la batalla, porque no pueden decir a los ciudadanos qué ver o leer. Es la puerta abierta a otras represiones mediáticas. Mañana el Gobierno puede pensar que es feo observar en la primera página una foto de los opositores y puede
prohibirla.
La orden es que la Policía no facilite la entrada a morgues y anfiteatros o que levante un perímetro en el lugar del siniestro para que no se tomen primeros planos. No impide la difusión de esas imágenes.
Aparentemente, porque en el momento que no tienes las imágenes ya no las puedes difundir. Esa medida está bien pensada para que los medios no digan que nos están coercionando, pero sí porque está interviniendo en la manera que se informa el hecho y cómo el periodista lo reportea.
Pero en muchos casos no se respeta el derecho a la privacidad de la víctima y de su familia. ¿Cómo se puede mediar. Todo muerto es noticia y, por lo tanto, es público?
El poder político jamás debe poner la reglas de qué informar. Creo en la autorregulación de los medios, ellos deben tomar las decisiones sobre sus líneas éticas y editoriales. Y tercero son los ciudadanos los que eligen en qué medios se informan. Debemos formar ciudadanos más reflexivos y conscientes de lo que leen, escuchen o ven en la televisión. También salas de redacción y periodistas más críticos de lo que hacen. Pero la ausencia de ciudadanos críticos o de autocrítica en las salas de redacción, no da derecho a un gobierno para que con un decreto quiera cambiar la realidad.