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Quito - Ecuador | 20 de noviembre del 2009 | 20H54 (GMT-5)
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Tibai Teatro reclamó dignidad y derechos
October 3, 2008 ‘Viajeras’ representó el desarraigo y el tráfico de personas. Isabel Bosch actuó y dirigió la pieza.
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Redacción Cultura

Una mujer recorre el espacio, largas telas blancas se proyectan como sus sombras, la tercera sinfonía de Gorecki mide el movimiento de su cuerpo. La figura que se mantiene sobre escena se reconoce, se deconstruye, se fracciona y cuatro nuevas siluetas se reflejan desde su sustancialidad.

El universo poético que planteó Isabel Bosch, la noche del miércoles, en el Teatro de la Facultad de Artes, abarcó el tráfico de mujeres, la explotación sexual, la violencia doméstica y, sobre todo, el desarraigo. El discurso se fragmentó en cuatro voces, que contaron la historia de una feminidad llena de sueños deshechos y anhelos victimados.

La trama relata la existencia de cuatro mujeres, quienes viajan desde Rep. Dominicana hasta Argentina por  una vida mejor. 

La primera mujer en transitar sobre el escenario fue Yuberkis, una campesina que en su afán de prosperidad cae en las redes de la trata de blancas. Reytania, el segundo personaje, viaja a Buenos Aires para cambiar la prostitución por un salón de belleza, un destino  imposible.

La tercera voz de la historia es Inés, una muchacha de clase media que, traficada como las otras, sufre la marginación y el usufructo de parte de su familia.

Trasformada en Elsa, la actriz da vida a una lavandera de mediana edad que se embarcó hacia el país austral bajo el engaño de un anuncio de empleo doméstico. 

“No quiero ser mosca aplastada y no tengo nada que ver con las moscas”, rezaba el diálogo que servía de puente entre un personaje y el siguiente.

El drama se presenta con un lenguaje corporal que se mueve entre la danza, las voluptuosidades del merengue y la reconstrucción física del personaje.

El manejo vocal intensifica la tragedia de los sujetos; en algunos momentos la expresión estética cede paso al reclamo por la dignidad y los derechos de la mujer. En el lenguaje se insertan términos originarios de la isla.

Las sábanas, único recurso escénico, identifican a cada personaje y en su utilización sobre el rostro se dibuja un espectro que advierte un devenir funesto.
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