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Por Fabián Corral B.
Vivimos un capitalismo de casino, que es el más grande desmentido de la economía libre y una burla a la filosofía liberal. Los “crupier” reemplazaron a los agentes económicos productivos, la apuesta sustituyó a la inversión, la especulación prevaleció sobre la empresa seria y las cifras se sobrepusieron a las cosas, los servicios y el bienestar. No hay mercado libre, al parecer. Hay ruletas, luces, promotores de bingo, cazadores de fortuna...
La historia reciente evidencia el giro de una economía sustentada antes en la producción, hacia un sistema anclado en la especulación, en las transacciones abstractas y las fortunas rápidas.
En breve tiempo, de la empresa industrial y agrícola, pasamos al predominio absoluto de lo financiero. De la productividad, giramos hacia la ganancia por vía de altas tasas de interés y generación de dinero y más dinero. El ahorro ha perdido sentido como acumulación de recursos destinados al trabajo creador. Se quedó como referente numérico, como motor para producir papeles o como inductor del consumo. Esa visión excesiva del capital financiero ha atenazado al espíritu emprendedor que gestó el poderío de los países prósperos. Ese espíritu no puede confundirse con el hábito especulativo y con la índole de apostadores de casino que domina en los mercados. Es necesario, más allá de las transacciones que atosigan a los agentes de bolsa, pensar críticamente al mercado, reflexionar sobre su función de preservar la verdadera libertad de elección, y poner a buen recaudo la “ética de la inversión”, tan distinta de la vocación de especular.
Esa mentalidad de casino enferma a la economía, devalúa la producción, angustia a las empresas y las hace dependientes del ogro financiero. Las reglas del juego del mercado, hace rato, no están ya en los productores, industriales o agricultores; están en el ubicuo potentado de las cifras.
La tragedia de los Estados también está en el mercado de papeles sin respaldo, de patacones y de bonos. El capitalismo de casino generó la "contabilidad creativa", es decir, la estafa convertida en ciencia, que provocó la quiebra estrepitosa de Enron y Parmalat y ahora de Wall Street.
Las grandes corporaciones, signo de los tiempos, empiezan a entrar en crisis, como un día entró en crisis el Estado. Probablemente esto se deba a que la economía como generadora de bienes y servicios se ha pervertido hasta transformarse en una máquina de imprimir billetes y acciones. La ganancia ya no se entiende solo como culminación de un laborioso proceso de ahorro, inversión y trabajo, donde es sustancial la competencia por la calidad, la oportunidad y los precios.
No, la ganancia ha sido suplantada por la lotería financiera y la especulación de los "ogros monopólicos", que constituyen ahora la verdadera fuente del poder y un obstáculo más al ejercicio de la libertad.
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