Redacción Cultura
Andrés Camaro llegó y se despidió con todo. Habló muy poco con el público. Lo suyo fue música pura, en un estado frenético, casi imparable... inagotable.
Fueron más de 30 canciones las que presentó en el coliseo General Rumiñahui, la noche del jueves, en dos horas y 15 minutos de espectáculo.
El concierto en la red
En calamaro.com: “(...) acepto con gratitud y sorpresa encontrar fieles, tan generoso público de calidad, en países donde antes nunca habíamos venido a cantar ... Quito fue un concierto especial (...)”.
“Nos regalaron tormentas de aplausos, vi la gratitud en sus ojos y eso es muy próximo a la glory alleluyah; fue un público irreprochable y nosotros tocamos inspirados, inventando (...). Hicimos un recital muy bueno que es de todos y está flotando en el viento ... hasta que You Tube capture algún instante”. En YouTube ya están subidos tres breves videos del show.
Subió al escenario a las 20:10 sin ningún aspaviento. Las luces se apagaron y de pronto apareció, seguido por una banda con gran fuerza en las cuerdas:
Candy Caramelo, en el bajo; Julián Kanevsky, Geny Avelló, Diego García y Andrés Calamaro en las guitarras; José ‘El Niño’ Bruno, en la batería, y Carlos Alberto ‘Tito’ Dávila, en los teclados. Una breve introdución musical fue la antesala para los primeros gritos de “olé olé olé olé, Andrés, Andrés”.
Después, los cinco dueños de las cuerdas tomaron sus micrófonos para interpretar a capela los primeros versos de El Salmón, un himno ‘calamaresco’.
Entonces las guitarras rompieron un breve silencio para seguir con la canción: “siempre seguí la misma dirección / la difícil la que usa el salmón / siento llegar al vacío total / de tu mano me voy a soltar...”.
En el repertorio, Calamaro y su banda hicieron una conjugación de temas de distintas etapas de su carrera. Estuvieron, por ejemplo, canciones del disco que lo trajo, ‘La lengua popular’, como Los chicos, un homenaje a quienes ya no están. Interpretó otras canciones como Soy tuyo, que al final sumó los versos de Contigo, de Joaquín Sabina; Minibar (Cinco minutos) o La espuma de las orillas.
Aunque muchos esperaban éxitos como Mi enfermedad, de Los Rodríguez, o Mil horas, de Los Abuelos de la Nada, y otros como solista, Calamaro no olvidó los hits. Fue así como mantuvo el pulso del concierto, entre grandes explosiones colectivas como en Te quiero igual, Loco o A los ojos: “Y estoy cansándome de esperar / pero igual no tengo dónde ir / y me dice la gente que deje de pensar en ti / y sé que es en vano brindar esta noche por nosotros...”.
El público tomaba un respiro en canciones menos conocidas, pero atento escuchaba al ‘Salmón’, que no dejó que bajara la temperatura. Antes de interpretar Será mejor así, Calamaro hizo una pausa. Presentó a los músicos de su banda, uno a uno, en medio de una larga improvisación que incluyó un fragmento de Me gusta ese tajo, de Luis Alberto Spinetta.
También hubo espacio para los tangos que tanto ama. Lo hizo con la sola interpretación del teclado de Tito Dávila para los temas Jugando con fuego y Los mareados. La banda volvió para un clásico de Alci Acosta, La copa rota.
Cuando parecía terminar el show llegaron en ráfaga temas esperados como Crímenes perfectos, Me arde, Alta suciedad y un “hasta siempre Quito”. Cerquita del público, en un acto con cierta complicidad, interpretó con una mágica musicalización la introducción de Volver, otro tango. Fue la antesala para Flaca, en la lista de los temas más aclamados.
Al final aplaudió al público y se retiró por un momento las gafas del rostro. Un espacio para el grito de “¡otra!” hizo que volviera.
‘Tanto, tanto, tanto, tanto... valen tanto estos aplausos y este cariño que nos dan. Muchas gracias hombres y mujeres de Quito y de Ecuador. Gracias de verdad”, dijo Andrés Calamaro, antes de responder al pedido con más.
Volvió con todo para coronar una noche de rock, reggae (con imágenes de Bob Marley en las pantallas), tango, ... con su versión del bolero Inolvidable. Luego vino Sin documentos y Canal 69, de Los Rodríguez, y una imponente interpretación de Paloma.
Lo que llegó después fue la ovación. El público aplaudió de pie a Calamaro, y él respondió también con aplausos: Junto a la banda, al filo del escenario, agradeció la aclamación de la audiencia con una prolongada venia.