Redacción Deportes
Parecía Año Nuevo. Los juegos pirotécnicos explotaban en la popular, repleta de hinchas de la Mafia Azulgrana. En las gradas, los aficionados ( jóvenes, niños y mayorcitos) se confundían en abrazos. Edwin Tenorio acababa de marcar el 2-1 a falta de cuatro minutos para el final. Con eso, la corona del 2008 ya tenía dueño.
Los 12 000 fieles hinchas del Quito exorcizaban en ese momento sus pesadillas y daban paso al sueño más hermoso, tan esquivo por cuatro décadas: ser campeones del Ecuador.
Era una alegría que no tenía fin: había brazos elevados al cielo y lágrimas que corrían en las mejillas de aquellos hinchas que ya habían curtido su piel con tantas decepciones. Pero ayer fue distinto.
El pitazo del árbitro Miguel Hidalgo rompió con la abstinencia de 40 años de gloria. Atrás quedó ese período de sufrimiento, de mirar cómo los demás triunfaban, de cómo las otras hinchadas celebraban y ellos no.
Hoy, los hinchas del Deportivo Quito están orgullosos. Por fin, los niños y adolescentes azulgranas saben lo que es dar una vuelta y los más grandes, aquellos como Ernesto Guerra y Jaime ‘Chivo’ Galárraga, pueden decir que ya lo han visto todo…
Ayer, el espectáculo estuvo en las gradas, en esa alegría contenida que empezó a aflorar en el primer tiempo con el golazo de Luis Saritama, la luz del campeón durante toda la temporada. El ‘Sari’, volvió a demostrar el porqué es el ídolo de la afición cuando, a los 29 minutos, conectó el balón, al que impulsó con una parábola perfecta para inflar las redes del golero Wilmer Zumba.
El gol era suficiente y el objetivo se conseguía de forma holgada. Carlos Sevilla envió a la cancha un equipo ordenado en lo táctico, solidario en la marca y con tres referencias de ataque claras: Saritama creando por la izquierda y adelante Léider Preciado y Walter Calderón, movedizos por el frente de ataque y picantes para sorprender en el mano a mano.
Los chullas sabían que el empate era suficiente para lograr el sueño. Por ello, la disposición desde el inicio fue mantener el esférico. La línea de cuatro defensores estuvo aplicada con Isaac Mina como lateral y José Luis Cortez como central. En el medio, Edwin Tenorio era un león en la marca.
Sin embargo, la tónica en el Deportivo Quito siempre ha sido el sufrimiento y ayer no fue la excepción. El gol del macareño José Herrera en el minuto 67 congeló los corazones azulgranas y envalentonó a los ambateños.
Macará fue un rival digno. Trató bien a la pelota y generó por momentos un juego de toque profundo. El problema del equipo del DT paraguayo Mario Jacquet fue el de siempre: su falta de peso en los últimos metros.
Entonces, la hinchada volvió a cumplir un papel determinante: empujó al equipo a mantener la serenidad y conseguir el objetivo.
En el segundo tiempo, ingresaron los Martines gauchos, Mandra y Andrizzi, y el equipo ganó volumen ofensivo. Los chullas tuvieron más el balón y alejaron de su área a los celestes, que presionaban para llevarse los puntos.
Los minutos pasaban y el título se iba consolidando. No obstante, toda la tensión tuvo su desfogue con el extraño pero oportuno gol de Tenorio, cuyo disparo de media distancia descolocó a Zumba, quien terminó metiendo la pelota en su valla. Curiosamente, fue el primer gol de Tenorio en este Campeonato.
La Mafia Azulgrana tampoco pudo contenerse. Cuando Hidalgo pitó el final, el verde gramado de La Cocha se llenó de camisetas azulgranas y negras, las alternas que han sido las características de la liguilla final. Era imposible divisar a los jugadores que fueron absorbidos por el tsunami chulla.
Parecía fiesta de Año Nuevo. Es que sin duda, este título es un nuevo despertar para el Deportivo Quito: la maldición fue quebrada. Los chullas son campeones y la Plaza del Teatro festeja.