Marco Arauz Ortega. Subdirector de Contenidos
La reasignación de funciones para las cabezas de los equipos especializados en la lucha antidrogas puede ser una coincidencia, pero vaya que se trata de una mala coincidencia, sobre todo si se recuerda que en la vida pública no solo hay que ser sino parecer.
No era el momento más oportuno para mover a cargos ajenos a su especialización alSubdirector de Antinarcóticos y al jefe de la Unidad de Investigaciones Especiales de la Policía, que indagaron la red narco que supuestamente lideraban los hermanos Ostaiza, con contactos con el Bloque Sur de las FARC .
La presunta relación de Ignacio Chauvín, dirigente de Alianza País en Pichincha, con este grupo ya tuvo una repercusión política cuando afectó a la candidatura de Gustavo Larrea a la Asamblea, dada la relación entre los dos. En este caso, se constata una vez más que las decisiones del Gobierno se toman siguiendo pautas pragmáticas -la presencia de Larrea en la lista oficial podía ser usada por la oposición- pero no éticas -Larrea seguirá formando parte del buró y trabajará en la campaña presidencial...
Lo cierto es que el caso halló mal colocado al Gobierno; inevitablemente debe tomar una decisión sobre la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos, que aparece muy expuesta en la investigación y cuyo Director se olvidó ayer de sus preceptos al amenazar a los periodistas. Y si hubiese un organismo electoral independiente, también se debieran revisar las cuentas de la campaña presidencial.
Pero por ahora, nada mejor que reasignar a los investigadores y ofrecer sanciones para quienes permitieron la fuga de Chauvín...