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Hay lugares que parecen de otro mundo. Aquellos que hombres como el mexicano Arturo Montero buscan por siempre y que cuando los encuentran les dan la fuerza para vencer el cansancio por un momento.
El tiempo y su dedicación a la antropología, la arqueología y la historia le permitieron ser una de las personas que coordinó la expedición para llegar al punto más alto por donde pasa la línea equinoccial. ‘El corazón del mundo’ se encuentra en el costado sur del volcán Cayambe, en Ecuador. Antes que él, otros dos hombres ya soñaron con alcanzar este punto. Pablo Boada y Cristóbal Cobo emprendieron un viaje hace dos años. Encontraron un sitio donde había un nevero, pero quisieron conseguir uno donde haya glaciar. Sabían que era posible, pero la geografía del lugar no los dejó continuar por ese camino. En este año, nuevamente se armó la excursión. Empezaron en el kilómetro 47 de la vía Quito-Cayambe. Alquilaron tres camionetas para transportar a 18 personas. Luego, usaron mulas y caballos para llegar al punto en donde armaron su campamento, un sitio a 4 300 metros de altura, con drenajes de agua, protección del viento y sin peligros de derrumbe. Desde allí empezaron a buscar el lugar, no fue fácil. Allá todo es como un laberinto natural. Para este viaje llevaron algunos mapas, que no fueron suficientes por sus trazos generales. Incluso encontraron áreas que no estaban allí. El primer día todo fue difícil. La niebla lo cubría todo y el Cayambe se escondía. Apenas a las 20:00 se despejó el cielo por un instante. Todos apagaron las linternas. Arriba, la Vía Láctea aparecía con toda claridad. Tan solo un par de horas antes, las paredes de fuego estremecieron sus sentidos. A eso de las 18:00, casi como un presentimiento, Arturo pidió a sus compañeros que salgan de la carpa principal. A los pocos segundos observaron como la luz del sol se reflejaba sobre una pared de roca. Era como si el lugar se estuviera incendiando. Allá, el viento es poderoso. Tan intenso que produce sonidos. En el camino encontraron una laguna, en cuyos márgenes estaban las huellas de un venado que ya se había ido. En medio, una gaviota volaba desafiando al viento. Con su nombre bautizaron a esta área. El camino seguía. La visibilidad era de apenas 50 m, lo que había más allá no se distinguía. A cada paso, los exploradores hacían cálculos. A 4 500 metros llegaron a un pequeño valle. Estaban a 100 m del punto. Entonces, decidieron que los primeros en llegar al lugar debían ser ecuatorianos. El guía de la reserva Cayambe Coca, Marcelo Carrillo, junto a otras personas, iba cuatro pasos adelante de todo el grupo. Mientras tanto, Arturo Montero anunciaba dónde estaba el sitio. Y cuando también llegó allá, colocó una piedra y una estampa de la Virgen de Guadalupe. En realidad ese no fue el punto más alto. A la mañana siguiente volvieron para estar en un lugar al que nadie había llegado: el glaciar. Tomaron una foto, a 4 684 m. Pero tampoco era la meta. Después retornaron para hallar el área, a 4 720 m. |
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