Cristina Arboleda Puente
Invisibles. Detrás de los discursos de los políticos importantes, de las palabras bien aprendidas de los personajes públicos, de los muy pensados libros de historia, de las cifras de los diarios y noticieros se esconden seres invisibles. Madres, padres, jóvenes y niños son testigos de la imparable violencia que surge de todo conflicto armado y, sin embargo, su voz no está presente en los documentos oficiales. Entonces surge la literatura.
En la novela ‘Espiral de Silencios’, Elvira Sánchez Blake, escritora colombiana radicada en Estados Unidos, justamente rescata la voz de la mujer -que tradicionalmente ha sido desplazada de la producción de discursos históricos, por lo general, escritos por hombres- para, desde su perspectiva, tratar el tema del conflicto colombiano. “Retoma la historia de Colombia vista en dos épocas: los años 80 y los 2 000, sobre todo la situación de la violencia, pero contada desde la visión de ellas como madres, esposas o hijas”, explica la autora, que presentó su más reciente obra en el XIX Congreso de la Asociación Internacional de Literatura y Cultura Femenina Hispánica denominado Memorias y fronteras, que tuvo lugar por primera vez en nuestro país, en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), en Quito.
La historia en ‘Espiral de silencios’ no se cuenta desde un único punto de vista. A una voz narrativa que contextualiza los acontecimientos se suman las historias de tres mujeres: María Teresa, quien ha combatido dentro de la guerrilla; Norma, una mujer de clase alta que es víctima de secuestros y amenazas, y Amparo, una joven de 17 años que está en medio del conflicto como enamorada de un paramilitar y un guerrillero. Como afirma la autora, la importancia de que sean varias mujeres quienes narren la manera en que perciben el conflicto es que precisamente las mujeres tiene un papel fundamental dentro de la guerra, no tanto como las actuantes directas, sino como víctimas indirectas de la guerra, como sobrevivientes. “Los hombres son, por lo general, los actores del conflicto, las víctimas, los victimarios, pero las mujeres muchas veces son las que sobreviven, las que tienen que mantener la estabilidad de una familia , incluso de un pueblo, son también las desplazadas”.
Por otro lado, Elvira Sánchez comenta que en su texto no todo es crudeza. “En Colombia, se ha dado un fenómeno muy interesante y es que las mujeres se han unido en contra de la guerra; esto lo muestro también en el libro, cómo las mujeres, en pueblos azotados por la violencia, han tomado las banderas de la paz, metiéndose en la mitad del combate”.
Tenga en cuenta
La autora. Elvira Sánchez Blake es una bogotana que cursó la carrera de Comunicación Social y trabajó como periodista durante varios años en Colombia. En Nueva York obtuvo un doctorado en Literatura Hispánica y Estudios Latinoamericanos. Actualmente es profesora de literatura hispana en la Universidad Estatal de Michigan.
En 2002 publicó ‘Patria se escribe con sangre’, una recopilación de testimonios de mujeres acerca de la violencia que ha desencadenado el conflicto colombiano.
‘Espiral de silencios’ (2009) es su primera novela y combina los géneros literarios de la nueva novela histórica y el testimonio.
En el texto, las narraciones se complementan presentando una realidad que siempre es compleja, multidimensional e inasible. De esta forma se evidencia la intención subyacente de cuestionar la supremacía de una versión sobre otra, así como de contar algo de lo que la historia oficial (es decir, la historia autorizada, avalada por los grupos de poder) calla. Y es a través del tamiz de la ficción que la autora ve la posibilidad de narrar lo que de otra manera no hubiese sido posible. “Fui periodista durante los años 80 y viví de cerca muchos de los eventos que crearon este foco de violencia y que fueron determinantes en lo que ha pasado después. Uno de ellos fue la toma del Palacio de Justicia, que ocurrió en Colombia el 6 de noviembre de 1985 y que rompió la historia del país en dos. Al haber sido testigo de estos hechos, tengo una parte que quiero contar, que fue algo que no se contó desde la historia oficial”. Asimismo, como académica universitaria, Elvira se ha dedicado a estudiar formalmente el tema de la mujer en la guerra, lo que le ha permitido contrastar sus vivencias personales.
Además, más allá de presentar una cronología de hechos, lo que permite la literatura es recrear otra dimensión de la historia: “La literatura permite representar muchas cosas que no se pueden recrear en otros aspectos, como los sentimientos, las emociones, las vivencias, la memoria”, agrega Sánchez.
¿Es así como complementa su novela a la historia? “Precisamente es la historia no oficial. A veces tienes una cantidad de cosas que quieres contar y que el periodismo o la academia no te lo permiten, por cuestiones de censura, porque el discurso oficial te pone limitantes, especialmente cuando se trata de hechos en los que hay tantos conflictos políticos e intereses. (...) Al ficcionalizarlos, estoy expurgando esa necesidad de contar esa memoria que quedó en el olvido”, responde. Pero también está la necesidad de publicar, ¿por qué? “Uno puede contar todo lo que quiera, pero si queda ahí en el cajón, no tiene ningún sentido. Hay una necesidad de registrar la memoria, como decía Manuel Rivas, un escritor al que quiero mucho: ‘La memoria es un presente recordado’. Uno no puede olvidar, además uno tiene una herencia, lo que han vivido nuestros abuelos, nuestros padres, también es parte de nosotros. Lo que somos es eso, una consecuencia de todo”, afirma Elvira con convicción, mientras saborea el café con leche, rememorando quizás el gusto de sus días, ya lejanos, en Colombia. “¡Ah, es que la literatura es catarsis!”, afirmó, como diciendo ‘¡Eureka!’. Pero Sánchez Blake lo niega con la mirada y sentencia con la seguridad que solo da la experiencia: “La literatura es conjuro, conjuro de la memoria”.