Redacción Cultura
Una de las primeras decisiones tomadas por el presidente electo Rafael Correa ha sido crear el Ministerio de Cultura. Al frente de la Secretaría estará Antonio Preciado, poeta y ex embajador de Ecuador ante la Unesco.
Desde la creación de la Casa de la Cultura, en 1944, el Estado se ha visto involucrado con el quehacer cultural interno. Las instituciones estatales han sido, desde hace varias décadas, el principal motor de la actividad cultural.
Todos o casi todos los actores, músicos y literatos reclaman al Estado su poca respuesta y bajo gasto en cultura pero, al final del balance, la actividad se ha movido gracias a fondos públicos.
El modelo, sin embargo, es frágil. El quehacer cultural ha sido un ‘extra’, algo a lo que atiende cuando hay excedentes, pero que queda huérfano en las crisis.
A principios de siglo, la actividad cultural en el Ecuador se producía de manera individual sin una institución que la regule, genere o auspicie. En el presupuesto nacional no cabía el concepto de inversión cultural. Conseguir libros o conocer de arte universal suponía un proceso largo y complicado, reservado a una élite que educaba a sus hijos en Europa y traía por barco libros y discos.
Pero, a través de los años el arte y la cultura se han democratizado y su acceso se ha popularizado. Esto es evidente sobre todo en la actualidad, con el avance de la tecnología y la globalización.
Cuatro instituciones han sido claves en la historia del desarrollo cultural del país (recuadros). Son los referentes internos que tiene a mano el próximo Ministerio: la Casa de la Cultura Ecuatoriana, la Dirección de Cultura del Banco Central, las universidades y gobiernos seccionales como los consejos provinciales y municipios.
Rodrigo Villacís, ex editor de Cultura de este Diario en la década de los ochenta, e Irving Zapater, ex subsecretario de Cultura, conversaron con este medio sobre los procesos histórico-culturales y las instituciones que han intervenido en el desarrollo del arte y la cultura en el país. Ellos brindan sus puntos de vista sobre cuáles deberían ser las actividades del futuro Ministerio de Cultura.
Testimonio
Rodrigo Villacís
Crítico de arte, periodista
Se debe redefinir qué es la cultura
Se deben instaurar políticas culturales que estimulen el desarrollo cultural del Ecuador. Esto es algo que se ha propuesto desde hace mucho tiempo pero que nunca se ha concretado.
Habría que redefinir el concepto de cultura, ya que, al ser un término polisémico y amplio, cada cual lo entiende a su manera. En una definición antropológica, cultura es todo lo que no es naturaleza. Y en ese sentido vendría a ser absolutamente todo.
Pero dentro de ese todo hay un segmento que es la cultura propiamente dicha, que se refiere a la ciencia, las letras y las artes.
Me parece un error que se pretenda hacer la ‘Casa de las Culturas’, como si ese fuera un instituto de antropología. Esto es preocupante porque la cultura, en su sentido restringido, es para todos los segmentos de la sociedad, sean blancos, negros, indios, mestizos, hombres o mujeres.
Así que no se debe hacer una diferencia en la cultura, ya que esta es para todos, y todos debemos tener acceso a ella.
Testimonio
Irving Zapater
Ex Subsecretario de Cultura
Desarrollar una cultura estética
El Ministerio de Cultura tendrá que tomar en cuenta tres aspectos importantes. El primero es no descuidar la relación entre educación y cultura. La base debe ser desarrollar la cultura estética en niños y jóvenes, lo que significa una tarea difícil y a largo plazo.
El segundo es la implantación de escenarios, no en el sentido de teatros o coliseos, sino más bien crear infraestructuras para archivos y bibliotecas. Por ejemplo, se debería construir un edificio para el Archivo Nacional de Historia, ya que se debe rescatar la conservación documental de los procesos históricos del país.
Y el tercero es la extensión cultural, que comprende el impulso a los artistas y la difusión de la cultura hacia el pueblo.
Se debe contratar a personal calificado que esté preparado técnicamente en los aspectos culturales. No hacen falta simples promotores o agentes culturales.
Además, el Ministerio tendrá que trabajar a favor de la pluralidad y favorecer a todos por igual.