Las urbes de Imbabura tienen un déficit de áreas verdes
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El parque El Triángulo de la ciudadela José Miguel Leoro Vásquez, de Ibarra, cumplió cuatro meses desde que fue destruido. “Un día, un tractor del Municipio levantó el césped, las canchas de basquetbol y de fútbol y los juegos infantiles”, asegura Martha Espinoza, vecina del sector.
El martes pasado, 110 vecinos de ese barrio se reunieron. Invitaron al alcalde de Ibarra, Jorge Martínez, y a los 11 concejales para que expliquen por qué se destruyó el parque. Solo tres asistieron: Andrea Scacco, Hilda Herrera y Wilmer Taboada.
Al igual que los moradores del barrio, los concejales municipales se mostraron sorprendidos, por el daño a este espacio verde.
“Lo peor es que no está presupuestado el rediseño de ese parque para este año”, aseguró Taboada, presidente de la Comisión de Planificación y Presupuesto.
Raúl Argotti, quien representa a los vecinos, hizo público el malestar por la polvareda que ahora afecta a la zona y la falta de un sitio de recreación y descanso.
“Aquí jugaban mis tres hijos. En la actualidad ya son profesionales. Lo que nos preocupa es que ahora los técnicos quieran cubrir todo de cemento”, dice Espinoza.
Esta semana, los moradores del barrio se movilizarán al Municipio para exigir una explicación.
“Los espacios verdes, cuando están botados, pierden su sentido de sitios de recreación y esparcimiento y se convierten en basureros o refugio de delincuentes”, comentaba un vecino.
La falta de espacios verdes urbanos (plazas, parques y jardines) es una problema en Imbabura.
En la provincia hay apenas 2,13 metros cuadrados por cada habitante, mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que debe haber 9 m².
Según un informe del INEC, Urcuquí con 4,10 m² por habitante es el cantón con mayor cantidad de espacios verdes urbanos. Mientras que Pimampiro, con 1,16 m² es el que menos lugares de este tipo posee.
Ibarra, con 1,83 m² por habitante, resulta una zona asfixiante, según el Informe.
A pesar que tiene la reserva de Guayabillas, de 56,1 hectáreas, y la laguna de Yahuarcocha, hay problemas. Para Luis Sánchez, catedrático de la escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Ibarra, el problema tiene relación con el manejo administrativo del Municipio.
“A los urbanistas se les exige que destinen el 20% del suelo total de construcción para áreas verdes. Pero esos espacios cambian de uso”. Como ejemplo señala los terrenos que donan los cabildos a instituciones y gremios y que luego se transforman en casas barriales, complejos y canchas.
Punto de vista
Agustín Rueda / Especialista en recursos naturales
‘Hay que plantar árboles’
El reverdecer de la provincia no es solo responsabilidad del Ministerio del Ambiente, la Prefectura o los municipios de Imbabura. En realidad es una responsabilidad que la debemos compartir todos.
El problema es mayor en la ciudad por el crecimiento de la población, que demanda más espacios. Sin embargo, no debemos descuidar la norma de que por cada árbol talado se deben sembrar 10.
Pero para ello es necesario impulsar la conciencia ambiental. Hay que entender que el árbol, el agua y el aire son parte de la vida.
En ese sentido, la Prefectura impulsa programas de reforestación en las 36 parroquias rurales de la provincia. Trabajan con las juntas parroquiales haciendo énfasis en la reforestación de las fuentes de agua y en áreas degradadas.
También se impulsan programas agroforestales con familias de la zona. Se usan especies nativas como aliso, yagual, pumapaqui, quishuar y caoba, en la zona subtropical. En el 2010 se sembraron 360 000 árboles y el año anterior, 180 000.


