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<title>elcomercio.com - El Comercio del Ecuador</title>
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<description>Información de EL COMERCIO al instante</description>
<language>es-ar</language>
<category>Website News</category>
<lastBuildDate>Fri, 20 Nov 2009 22:39:00 GMT</lastBuildDate>
<pubDate>Fri, 20 Nov 2009 22:39:00 GMT</pubDate>
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<copyright>Copyright 2009 Grupo El Comercio | Todos los derechos reservados</copyright>
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<title>Una marca contra el olvido</title>
<pubDate>Fri, 20 Nov 2009 22:39:00 GMT</pubDate>
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<category>El Comercio del Ecuador</category>
<description><![CDATA[<html><body><img src="http://ww1.elcomercio.com/nv_images/fotos/2009/11/ec15_arte.jpg"/><br><br><EM>Pablo Torres A. </EM><BR><BR>En el centro de un papel  hay una huella digital. Es pequeña, única y delineada como la de cualquier ser humano. Pero esta huella se proyecta en el espacio como si fuera la casa de Asterión, el laberinto de Teseo o  el hilo de Ariadna. Ocupa una pared entera de más o menos  dos por tres metros. Parece la huella de un gigante, o de algo que se extinguió hace años. Es un túnel del tiempo, el signo de la evolución, el pasado y el futuro de una especie. Aunque, en el fondo, es solo una huella más, una marca visible en un mundo lleno de huellas invisibles.<BR><BR>
<DIV class=inserto><STRONG>Tenga en cuenta<BR><BR></STRONG>Guiseppe Penone es un representante del Arte Povera, cuya traducción sería arte pobre. <BR><BR>Se lo llama así porque los materiales que utilizan son de fácil obtención como madera, hojas, rocas, carbón, uñas, etc.   <BR><BR>La exposición. Estará abierta hasta el 27 de diciembre en el Museo de la Ciudad. (G. Moreno y Rocafuerte).</DIV>A los costados de esta impronta se extienden dos paredes que son  como las  alas de un laberinto. Se trata de una de las tantas salas del  antiguo hospital  San Juan de Dios. En estas paredes hay nichos de arcos que son como  puertas que no van a ningún lugar. En su interior había una cama, y en una urna estaba una vela. Con ella los enfermos mataban el tiempo haciendo dibujos en el  techo del nicho que antes conservaba el color de la pared cruda. El hollín marcaba un  grueso trazo de una pintura  reducida a su mínima expresión. Palabras que tiemblan, figuras amorfas, experimentos a medio hacer.  Las huellas que dejaron los enfermos fueron respetadas. El hollín se mantiene ahí, rodeado de un cerco de  pintura amarilla.  <BR><BR>Las  huellas del artista y de los enfermos  pertenecen a distintas épocas, a distintas personas. Pero el artista plástico y escultor Guiseppe Penone quiso aprovechar esta coincidencia para montar la exposición que lleva su nombre en el Museo de la Ciudad. Las huellas  antiguas  fueron hechas por anónimos  fantasmas aburridos que buscaban su recuperación en ese museo que antes no era un sitio para albergar el arte,  sino para amagar a  la muerte. <BR><BR>Sobre la  parte anterior de la sala, el artista  Penone dejó la señal de su peso  sobre un otoño de hojas nativas a medio secar, que difícilmente se las habría considerado como una obra de arte. Demuestran  el peso y volumen de la respiración. El más efímero de los elementos para la escultura. En ese espacio, en ese momento,  completan el concepto de las huellas.   <BR><BR>Sobre esa pila de hojas estuvo un hombre, pero de su presencia no quedará más que el recuerdo. Ese cúmulo que desaparecerá como lo hicieron las camas del hospital. La silueta del hombre se esfumará como lo harán todos los mortales, igual como se evaporará su volátil respiración, la huella recurrente de su breve tránsito en este mundo.<BR><BR>Esa escultura de hojas, junto a fotografías de las formas que la respiración puede adoptar en la naturaleza, cierra esta parte de la exposición. En la otra área existen más obras relacionadas con la naturaleza y su relación con el ser humano. La conclusión es que “el hombre es naturaleza”. <BR><BR>Sobre la sección de las huellas las conclusiones son personales, pero el frío que recorre el cuerpo en ese lugar advierte que la muerte está tan segura de su victoria  que por eso nos da una vida de ventaja,  que por eso diseñamos armas para burlarla, para evitar la mayor de las derrotas: el olvido. Que esas huellas que los hombres cuidan y el tiempo perdona son los tesoros de la memoria (ese sórdido museo de la vergüenza del que habla Sábato), es la  esperanza de recordar que los hombres también segregan lo inhumano, que también pueden ser inmortales, es la certeza que no solo la memoria nos salva del olvido, sino también el arte.</body></html>]]></description>
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<title>¿No soporta mirarse al espejo?</title>
<pubDate>Fri, 20 Nov 2009 22:39:00 GMT</pubDate>
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<category>El Comercio del Ecuador</category>
<description><![CDATA[<html><body><img src="http://ww1.elcomercio.com/nv_images/fotos/2009/11/ec15_psicologia.jpg"/><br><br><P>Es posible reconocerlo y trabajarlo para asimilarlo y poder expresarlo constructivamente. <BR><BR>Cuando a alguna persona le despierta una pasión de cualquier tipo,  está frente a una parte de su potencial no reconocido y que ahora se manifiesta en su vida desde fuera, para  verlo, integrarlo  y vivirlo.<BR><BR>No solo se trata del amor o la pasión,  también puede sentirse movilizado por alguien que preferiría tener lejos, que no soporta,  porque saca lo peor de ella.  <BR><BR>En realidad, las  personas a las cuales admira o desprecia, le están mostrando parte de usted, que necesita no solo ser admitida sino que también necesitan ser transformada.<BR><BR>Cuando hay   admiración por alguien,  eso que alcanza  a mirar en el otro es parte suya, que debe ser integrada conscientemente.  Cuando lo que suscita una persona  es  rechazo,  por alguna característica que simplemente repudia, debe buscar  la forma en que el defecto se convierte en virtud y   lo integre a su vida. <BR><BR>Mientras más avance en su proceso más libre y feliz se encontrará. Y sabrá que está realizando su camino.<BR><BR>Recuerde qué tipo de personas despiertan su interés o su ira, ¿las características de estas personas se repiten? ¿Las circunstancias en las que usted se encuentra parecería que lo encuentran mas bien una y otra vez?¿Lo que más le fastidiaba de uno de sus padres lo encuentra en su pareja o en uno de sus hijos?<BR><BR>Jung ya habló de eso. Nos mostró que estamos conectados a través de nuestra psicología. Planteó el concepto de inconsciente colectivo, que contiene los elementos heredados, no solo de nuestros padres sino todo lo que ha surgido a través de la evolución humana. Pensaba  que este inconsciente  contenía arquetipos, que se revelan a través de la existencia de cada ser, para mostrar la razón de su  existencia.<BR><BR>Contemple la vida en forma simbólica, mire a quienes le rodean como expresiones suyas. Comprenda qué tarea le propone la relación con cada uno, qué clase de cambio o crecimiento se hace presente. No se puede deshacer de ellos, representan una faceta que necesita expresión y ahora lo hace a través del otro. <BR><BR>En lugar de pelearse  con sus  semejantes, capte la oportunidad  de una  lección psicológica. Observe qué  aspecto de su potencial se manifiesta  para ser visto. Los arquetipos tienen dos caras, usted tiene libertad de elección,  si es consciente de esto.<BR><BR>Bach decía que el alma sabe el camino, pero que el ego nos desvía, y la enfermedad se presenta cuando olvidamos nuestra misión. <BR><BR>Siempre podemos volver al camino y generar salud, satisfacción, aprovechar al máximo nuestro potencial. Los encuentros con los aspectos más luminosos y sombríos de usted mismo le pueden conducir de vuelta a ese camino y lograr así su curación. Puede decidir convertir  sus relaciones en una oportunidad de desarrollo,  de irse transformando en cada una de ellas, de decidir cómo actuará. Puede dejar de estar a la defensiva y    aprender lo que la vida le quiere enseñar. Su potencial no se revela de una vez por todas, se  manifiesta a través de la vida, en cada encuentro, en cada situación. Si podemos encontrar la manera de vivir nuestra libertad de decisión, si podemos mirarnos como seres trascendentes que buscan un significado a la vida, si podemos ver nuestra vida como una expresión creativa y constructiva, entonces tal vez podamos dejar atrás la falta de sentido o el vacío. Si le asignamos un valor a cada experiencia, al encuentro agradable o no con las personas, a las experiencias que vivimos. Si dejamos de ser víctimas de las circunstancias y empezamos a vivir de una forma coherente con nosotros mismos, entonces tendremos una oportunidad de vivir nuestra misión, encontrar el sentido y crecer.</P>
<P>Paola Ayala Vera, psicóloga clínica. <BR>09 605 0245</P></body></html>]]></description>
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