Redacción Sociedad
La camilla se frena bruscamente. Dos mujeres obstaculizan el paso en la estrecha sala de emergencias del Hospital Enrique Garcés, ubicado al sur de Quito.
La enfermera grita y avanza con dificultad, llega a un cubículo, pero no sabe dónde ubicar a Jorge García, quiteño de 40 años. La mañana del 28 de mayo él sufrió un accidente de tránsito en Machachi (provincia de Pichincha).
La sala tiene capacidad para 20 camas, pero a las 11:00 de ese día había más de 30 personas.
“Tenemos que trabajar con estas dificultades”, dice el jefe del área, Germán Cisneros. Asegura que el Proyecto de Modernización de Salud (Modersa) ofreció ampliar todo, “pero nada se ha cumplido”.
Esta ala fue parte del plan de ampliación y remodelación, que este proyecto del Ministerio de Salud ofreció en 1999, cuando empezó su trabajo en este centro.
Así como este trabajo, tampoco se efectivizaron otros. “Al inicio nos dijeron que trabajarían en 21 proyectos, luego se redujo a 18, más tarde a 15. Finalmente sacaron a licitación cinco, pero uno solo se ejecutó”, recuerda el director del hospital, Jimmy Ponce.
El área de neonatología es el único servicio atendido. Costó 150 000 dólares. Se suman otras tareas, que el coordinador de Modersa en esta casa asistencial, Jorge Mejía, califica de “remiendos”. Cita la capacitación al personal, cerramiento...”. Ahora se ejecutan las gradas de emergencia.
En total, en equipos se invirtieron 780 000 dólares y en infraestructura 400 000, es decir,
1 180 000 dólares. Pero quedaron pendientes tareas planificadas como la construcción de un nuevo bloque de consulta externa, la remodelación de los nueve pisos del hospital, construcción y ampliación del área de farmacia.
Todo quedó en teoría, pese a que en 1999 Hospiplan hizo una investigación sobre las necesidades que tenía el Enrique Garcés y por este trabajo Modersa pagó 400 000 dólares, recuerda Mejía.
Bajo este panorama, el proyecto debía terminar su tiempo operativo a fines de este mes, pero se prorrogó por tres meses, confirmó el gerente de proyecto del Banco Mundial, Marcelo Bortman.
“Se quedarán sólo 15 personas, que se encargarán de cancelar los contratos”, sostiene el coordinador de Modersa, Mario Molina.
El proyecto arrancó en septiembre de 1998, una vez que el Banco Mundial entregó 45 millones de dólares (Ecuador aportó con 11 millones de dólares como contraparte), para trabajar en hospitales como el Vicente Corral Moscoso de Cuenca, Teófilo Dávila de Machala; Francisco de Icaza Bustamante y Abel Gilber Pontón en Guayaquil. José María Velasco Ibarra de Tena, San Vicente de Paúl de Ibarra, Marco Vinicio Iza de Lago Agrio, Martín Icaza de Babahoyo, el Delfina Torres de Concha en Esmeraldas. Y el Pablo Arturo Suárez, Eugenio Espejo, Enrique Garcés en la capital.
Modersa tuvo inconvenientes desde sus inicios. Durante su planificación se paró desde julio de 1996 hasta marzo de 1997. “Las turbulencias en el gobierno de Abdalá Bucaram llevaron a esto”, recuerda el máster en salud pública Fernando Sacoto, que estuvo al frente del proyecto en esa época.
En sus ocho años de vida por Modersa pasaron nueve coordinadores titulares. Allí están, por ejemplo, Rodrigo Aguayo, Germán Flores, Fernando Sacoto, Andrés Troya, Xavier Loor...
Los conflictos no estuvieron ausentes en este Gobierno. A Miguel Robalino, ex funcionario de Petroecuador en el gobierno de Lucio Gutiérrez, se lo acusó de una supuesta falsificación de firmas del jefe de Estado, para llegar a la coordinación de Modersa. El 1 de septiembre del 2005 fue detenido por la Policía Nacional.
En medio de los problemas, otro hospital intervenido (Eugenio Espejo) también hace una evaluación negativa. Desde el 2005, cuando empezó la licitación se ejecutaron 750 000 dólares.
El principal proyecto en este centro es el cambio de tuberías y redes de vapor, según su director, Raúl Villacís. Adicionalmente Modersa entregó tres máquinas de anestesia, cinco monitores, dos ventiladores y una bomba de circulación extracorpórea.
“La inversión es mínima y casi no se ejecutó ”, señala Villacís.
Molina defiende la gestión de este organismo aunque reconoce que los problemas son de estructura. “El conflicto tiene que ver con la falta de personal, equipos médicos, infraestructura. Y Modersa no llegó para salvar a la salud pública, sino para aportar con algo. Trabajamos dentro de lo que el presupuesto alcanzaba”.
Hasta el momento se han gastado 37 millones de dólares de un préstamo de 45 millones. El resto se utilizará en las obras pendientes, asegura Mario Molina.
El Banco Mundial evaluó el trabajo del 23 y 30 de marzo. Bort- man indica que no es la última valoración. “Esperaremos el proceso final para dar un criterio”.
Wellington Sandoval
Ex ministro de Salud
‘No se invirtieron bien los recursos’
Modersa siempre fue un sitio cuestionado y por ello pedimos la intervención de la Contraloría y eso aún sigue en proceso.
Lo que se puede decir es que los trabajos que fueron impulsados por Modersa fueron incompletos y tuvieron la culpa las personas que planificaron las obras.
Por ejemplo, en el Hospital de Machala se hizo un plan y el director dijo que se hagan cosas. Se hicieron gastos superfluos. No se invirtieron bien los recursos.
Lo que necesitamos, y con urgencia, para paliar en algo los problemas de la salud pública son por lo menos 100 millones de dólares para hospitales y 50 millones de dólares para el personal.
De lo contrario el Aseguramiento Universal de la Salud no funcionará, porque no hay infraestructura hospitalaria y ahí también queda la deuda de Modersa.
Es importante trabajar en esta materia, porque los hospitales públicos cubren el 60 por ciento de las camas del país. Si no hay espacio no se puede recibir pacientes.
Un sólo hospital reconstruido
Durante nueve meses, el Hospital Pablo Arturo Suárez, del norte de Quito, fue sometido a adecuaciones y remodelaciones. Cifras oficiales de Modersa dicen que se invirtió 1,3 millones de dólares, para infraestructura, de equipos y capacitación de personal.
El 17 de octubre del 2005, las autoridades del Ministerio de Salud y del centro ofrecieron abrir las puertas en 15 días, pero sólo fue hasta inicios de año cuando la atención llegó al 90 por ciento.
Hasta el momento, el área de pediatría, por ejemplo, sigue cerrada, pese a que las instalaciones están listas. Las habitaciones están llenas de cartones y se usan para reuniones de sindicalistas.
El director del Hospital, Gerardo Rentería, dice que el servicio no puede abrirse por falta de personal. En este tema Modersa no trabajó y esa es otra de las deudas, dice la dirigente María Carvajal.
Los equipos tampoco fueron renovados. Por ejemplo, en el área de neonatología aún se trabaja con termocunas y ventiladores que tienen más de 20 años de servicio y se reparan siempre.