La producción limpia tarda en despegar
3/8/2007

Redacción Sociedad

Qué relación hay entre lo que come y el calentamiento global? La respuesta está en el método de cultivo, con o sin fertilizantes o plaguicidas. Si se fija, en los supermercados hallará envolturas con anuncios de “100 por ciento orgánico”, “lechuga hidropónica”, “sin químicos, cuidamos el planeta”.

Frente a las perchas, elige “por la salud  de sus nietos. Comer sano no es una novelería, es  salud humana y ambiental. Es irresponsable no pensar que la casa grande se nos cae, el planeta se acaba por la explotación de recursos”.

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Eso según Carmen Gangotena, de la Corporación de Productores Biológicos del Ecuador (Probio), que agrupa a unos 30 socios, 11 grupales formados por familias. Todos defienden la “agricultura limpia”, sin químicos. 
     
“El abono orgánico se descompone y mejora la tierra, los químicos la destruyen, a la larga. El mundo reclama productos limpios tras la contaminación con agroquímicos”, asegura Manuel Suquilanda.

Este ingeniero agrónomo y profesor de la U. Central indica, por ejemplo, que el uso de  urea o nitrógeno sintético hace que las plantas crezcan. Pero los  alimentos rociados con este elemento dañan la flora bacteriana y pueden provocarle cáncer estomacal.

“Los ecuatorianos tenemos garantizada una generosa ración de plaguicidas en nuestros platos”, señala Suquilanda y afirma que el cáncer gástrico por consumo de productos contaminados es  la segunda causa de muerte en Carchi y la primera en Macará, donde cultivan papas y arroz. 

En el Ministerio de Salud dicen que hace falta un estudio. Pero en el libro ‘Los plaguicidas, impactos en producción, salud y medio ambiente en Carchi’ se confirma el dato. Desde 1977 a 1999, los accidentes de tránsito son la primera causa de muerte y la intoxicación con plaguicidas, la segunda.

El tema no es lejano,  si  hace memoria recordará haber sentido un sabor raro, como a desinfectante en el tomate de su ensalada. Pero el problema va más allá.

La agricultura convencional o que usa químicos es culpable del   25 por ciento del calentamiento global, según Pablo Jácome, oficial técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

“Los fungicidas y otros resultan  de una mezcla de componentes que la industria produce, para lo que demanda muchos combustibles”, indica Jácome. Eso más la deforestación y la erosión del suelo causada por el impacto de los agroquímicos aumentan los gases que inciden en el calentamiento.

El cultivo orgánico, según César Cáceres, del Ministerio de Agricultura, se ha desarrollado en el país más por iniciativa particular. En especial para exportar banano, café, cacao y rosas.  Existe una normativa para este tipo de producción, pero ninguna obligación para dejar  los agroquímicos.

Jácome, de la FAO, cree que aún hay mucho por hacer en el campo de los orgánicos. No hay un control real de la cadena productiva.

Y cita el caso de un importador alemán que en la segunda mitad del semestre del 2006 denunció que uno de los bananos ecuatorianos vendidos como orgánicos tenía una alta dosis de químicos.

Algo similar sucedió en Japón, con cacao nacional. A Jácome le preocupa que se acabe con la confianza del consumidor, que debe saber cómo fue producido el alimento que se lleva a la boca.     

3 palabras claves para su salud

En el 2003 se publicó  la Norma de Producción Orgánica, reglamentada desde el 2006. Como en otros países no existe un sello verde único, que garantice que un producto fue cultivado con abonos  y  plaguicidas naturales como ajo y ají y no con químicos.

Hay seis certificadoras internacionales que califican y permiten colocar tres palabras “orgánico, biológico y ecológico” en los empaques de estos productos. Esto según  Rita Moya, del Servicio Ecuatoriano de Sanidad Agropecuaria (SESA). Advirtió de publicidades engañosas que alegan “100 por ciento natural” o hidropónico que no se relaciona necesariamente con lo orgánico.

El SESA no tiene la cifra exacta de productores, procesadores y comercializadores de alimentos orgánicos. Tiene una base de datos con 100 nombres, pero solo la BCS, la certificadora más grande, contaba con más de 250 clientes.

En Argentina funciona Argencer, una certificadora local. En Ecuador no existe una nacional.


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