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El ‘síndrome’ individualista se riega 6/3/2007 Olga Imbaquingo Revelo. Corresponsal en Nueva York
Hasta que la noticia en la TV le abrió los ojos y les encasquetó su miopía colectiva. El adolescente no era su hijo, sino Shawn Hornbeck, quien había sido secuestrado hace cuatro años. Ni por más que les estamparon la foto de niño desaparecido en la televisión, las esquinas, árboles y postes, Devlin ni sus vecinos se fijaron que durante todo ese tiempo lo tuvieron en frente de sus ojos. En la sociedad estadounidense eso de “todo puertas para adentro” es inalienable, pero se creía que esa actitud individualista era propia de grandes ciudades como Nueva York, donde se puede vivir en un edificio por 30 años sin saber quién es el vecino. Pero el fenómeno de ‘relaciones impersonales’ ha permeado a ciudades como Kirkwood, de apenas 27 000 habitantes. Allí solo se despertaron frente a esta nueva realidad cuando la Policía allanó el departamento en busca de otro niño que había sido secuestrado hace cuatro días. Hace poco, los diarios publicaban la noticia de que Vincenzo Ricardo, un hombre de 70 años, fue encontrado muerto en su casa, en Suffolk, en Long Island. El deceso había ocurrido hace un año. El televisor permaneció prendido, ininterrumpidamente, durante 12 meses y nadie se dio cuenta, pese a que los vecinos cuentan que solían verlo entrar y salir de su casa. A nadie se ocurrió preguntar ¿Qué ha sido de él? Asimismo, hace pocas semanas, los restos de otra persona fueron hallados en el Bronx, Nueva York. Su muerte ocurrió hace dos años. Nadie hizo nada. El individualismo parece ser un valor del que se precia la sociedad moderna y que no es reciente. Hornbeck y los ancianos son casos que ejemplifican cómo la gente se ha replegado a su propio ‘universo’. Años atrás, Los Beatles ya se preguntaban en sus canciones “¿De dónde viene esa gente tan solitaria y adónde va toda esa gente solitaria?”. “Eso ocurre hasta en Miami, una ciudad muy latina, pero aquí en Highland Ranch, en Colorado, es algo diferente. Yo sé quienes son mis vecinos y siempre conversamos. Los hijos nos ayudan a interrelacionarnos. Pero este es un pueblo muy pequeño y mi barrio es de clase acomodada que no vive en la prisa de las grandes ciudades”, cuenta Marta Cardona, una portorriqueña que hace dos años se mudó a ese lugar. Pero en Nueva York es distinto. Según el diario The New York Times, existen miles de personas que, seguramente, con el único ser con quien hablan en el día es con su perro o su gato y eso se refleja en cifras: USD 34 000 millones se gastan al año en las mascotas. Con la fragilidad de los matrimonios, la tendencia de vivir en soledad o solo acompañado de un perro o de una computadora, al parecer está ganando espacio. Devlin era catalogado como ser solitario y adicto a los videojuegos. A su “hijo”, también le gustaban los videojuegos y el rock, que a veces molestaba a los vecinos. Solo muy pocos sospechaban que la repentina presencia del “hijo” era extraña. Nadie podía imaginar que un niño que salía libremente en bicicleta, tenía celular e Internet a disposición podía ser el chico desaparecido de un pueblo a 16 kilómetros de distancia. “Es sorprendente cómo esos chicos pueden estar en nuestros ojos y nadie se da cuenta”, comentó Carol Michels, vecina de Devlin, a la revista Times. Para Kathryn Kun, profesora de St. Louis University, este tipo de emociones es frecuente y consecuencia de cómo los estadounidenses de este tiempo viven. El niño estuvo en frente de sus narices y ninguno de los numerosos vecinos quiso ver por eso de que “este no es mi problema”. La norma, estos días, es “no envolvermos en la vida de nadie y pensamos que es fingido preguntar al vecino ¿cómo está la familia?”, dice Kuhn. En el caso de Kirkwood, además, es la precaria sobrevivencia la que hace mirarse en su propio espejo sin observar de reojo al de a lado. Los vecinos de Devlin y Hornbeck son meseras, peones de la construcción, cuidadores de ancianos, que viven enredados en sus propios problemas.
Un reciente estudio de la Duke University halló que el promedio de interrelaciones entre adultos bajó de tres a dos en los últimos 20 años. Es decir, su círculo de amistades se reduce a dos. El resto de tiempo es para la TV, Internet, el iPod, el trabajo… Derechos reservados ® 2001-2010 GRUPO EL COMERCIO C.A. Prohibida la reproducción total o parcial de este contenido sin autorización de Diario El Comercio |