Redacción Tecnología
No es del maíz, del azúcar ni de la remolacha de donde obtienen etanol. Los investigadores dirigidos por el científico Jay J. Cheng, lo extraen de varias fuentes que no están destinadas a la alimentación, por ejemplo, los pastos.
Este catedrático estuvo, la semana pasada en Ecuador, invitado por el Laboratorio de Bioquímica y Microbiología Molecular de la Pontificia Universidad Católica, para intercambiar experiencias sobre la producción de etanol, a partir de estas y otras fuentes.
Cheng es profesor de la Universidad NC State, en Carolina del Norte, EE.UU. y entre sus trabajos está contemplado el estudio energético del ‘switch grass’, un tipo de pasto que habitualmente está destinado a la alimentación del ganado y que hoy es considerado de menor impacto ambiental que la producción de maíz.
Cheng manifiesta que para explotar el ‘switch grass’ no es necesario tener una tierra fértil; crece en cualquier superficie”.
Un informe científico publicado por la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ muestra que el ‘switch grass’ produce más de energía que la que se requiere para procesarlo en la obtención de etanol.
Es considerada, además, una fuente de energía, porque “la celulosa presente en las membranas de sus células se convierte con facilidad en azúcar y se fermenta después en etanol”.
Además, una de las ventajas de este pasto es que absorbe del dióxido de carbono de la atmósfera durante su crecimiento.
Aunque el desarrollo de esta fuente está menos avanzada que el de los cereales, es una energía viable. Por eso, hay grupos de investigación en el mundo que alientan los estudios del ‘swich grass’ y de los materiales lignocelulósicos: residuos agrícolas, agroindustriales y forestales.
Uno de los centros de investigación dedicados a impulsar los estudios de materiales lignocelulósicos es el dirigido por el científico Javier Carvajal, jefe del área de levaduras del Laboratorio de Bioquíma, de la PUCE.
Su equipo está produciendo, a escala de laboratorio, etanol a partir de papel reciclado.
Decidieron utilizar papel, porque en la Universidad ya existe un proyecto llamado de Reciclaje pro Ambiente para recoger el papel y el cartón generado en las oficinas.
“Tenemos la materia prima disponible así que la aprovechamos. Nuestro programa se llama Celulol, celulosa para etanol, y a través de este hemos logrado obtener azúcar del papel, luego lo fermentamos y destilamos”.
Cheng, quien colabora con este centro de investigación, explica que este proyecto es viable.
Señala que el rendimiento energético de la producción de etanol a partir de maíz, en EE.UU. es, en el mejor de los casos, del 25%. Eso significa que se obtiene menos energía de la invertida.
En cambio, con el etanol lignocelulósico, el rendimiento es del 45%, es decir, se obtiene más energía de la que se invierte.
Javier Carvajal dice que en el futuro no solo se buscará obtener etanol del papel, sino de desechos vegetales que hay en abundancia: desechos de plátano, palmito y de caña de azúcar. Incluso de los desechos urbanos ya clasificados.
El estudio de nuevas fuentes para la obtención de energía es una constante en el mundo y también en Ecuador. Patricia Recalde, funcionaria de la Dirección Nacional de Biocombustibles, del Ministerio de Electricidad y Energía Renovable, explicó que tienen algunos proyectos, entre ellos, uno orientado a usar el aceite piñón para la generación eléctrica en la Isla Floreana, en Galápagos.
El piñón es un fruto común utilizado, sobre todo, como cerramiento de los terrenos, por lo generalen la provincia de Manabí.
El Ministerio de Electricidad y Energía Renovable también está trabajando con la Corporación Enya, para establecer el potencial de generación de residuos agrícolas y animales. Diego Suárez, director ejecutivo de Enya, indica que también identificarán las zonas más adecuadas para poder instalar biodigestores. En estos equipos se deposita una cantidad de biomasa y por acción de las bacterias se produce el biogas.
Las oportunidades de los biocombustibles
El científicoCheng señala que el Congreso estadounidense aprobó una ley para que la producción de etanol lignocelulósico llegue a 1000 millones de galones hasta el 2020. Dice que hay un interés creciente por estudiarlo más.
En la actualidad, afirma Cheng, el etanol lignocelulósico representa menos del 3 % de las energías renovables.
Cuando se usan materiales lignocelulósicos hay que seguir un proceso que consiste en algunas etapa: hidrólisis, fermentación, entre otros.
El etanol de maíz contabiliza pequeñas emisiones de gases efecto invernadero, lo que no ocurre con el obtenido a partir del etanol de la celulosa.
En el 2006, la producción mundial de etanol como combustible fue de cerca de 40 000 millones de litros. De esa cantidad, casi el 90% fue producido en Brasil y en EE.UU.
El laboratorio de Bioquímica y Microbiología Molecular de la Universidad Católica también realiza estudios para aprovechar los desechos del palmito para generar biogas.