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La equidad en la educación: las inversiones no cuadran 10/9/2008 La tasa bruta de matrícula en la educación básica ascendió del 86.6% en 1991 al 96.1% en 1998, según el ME, lo cual arroja un crecimiento de 1.5 anual. En este contexto, las proyecciones para 2008 son optimistas. Sin embargo, a partir de 1999, en los sectores más pobres, la permanencia de los estudiantes decreció en forma alarmante, por las altas tasas de deserción y repetición escolares. Deserción y repetición Según los expertos, esta es una situación dramática, que afecta de manera especial al área rural, junto con otras patologías sociales como la desnutrición. A los problemas de la educación básica, se suma uno de carácter estructural: el analfabetismo, cuya tasa nacional es del 9% y en el campo del 15.5%, según el Siise. El analfabetismo funcional, de acuerdo a la misma fuente, asciende al 21.3%. La deserción y la repetición escolares han sido reconocidas como falencias del sistema –aunque no con la insistencia apropiada por parte del discurso oficial-. A la pérdida económica real –según el Informe de Progreso Educativo 2006, publicado por el Grupo Faro, se dilapidan en deserción y repitencia USD 31 millones por año-, se une otra pérdida: la emocional, que repercute seriamente en la baja de la autoestima y el descenso de los estándares en la calidad de vida. Desigualdad y vulnerabilidad Las causas de estos fenómenos son multifactoriales. Según el Sinec, la ineficiencia en estos temas corresponde a razones pedagógicas (40%), familia y personales (30%) y otras (30%). Estos datos revelan la desigualdad creciente en las condiciones de acceso y permanencia de los niños y niñas en el sistema educativo, que expresan la vulnerabilidad real de un sector importante de la sociedad. El problema de la equidad en la educación está atado inseparablemente a la pobreza académica –las pruebas Aprendo son evidentes, que están relacionadas con la calidad de los aprendizajes-, y a enfoques tradicionales sobre la inversión educativa. En otros términos, no se trata de aumentar solamente las partidas presupuestarias, en las que todos estamos de acuerdo –el 0.5 del PIB anual es necesario-, sino en mejorar la calidad de las inversiones en educación. Las cifras lo dicen: el presupuesto de educación ha aumentado de USD 307.5 millones en 2000 a 1096.5 en 2006, que representa el 2.8 del PIB. Este crecimiento importante, sin embargo, no significa más acceso y mejoramiento de la calidad, de acuerdo al Contrato Social. Hay que reformar el sistema educativo desde dentro, en la línea de la calidad. La meta: mejorar En los últimos seis años se ha triplicado la inversión en educación, pero la calidad ha disminuido. Las cifras no cuadran. Veamos un ejemplo: el gasto anual por estudiante, según el Sinec/Mef, ascendió de USD 307.5, en el 2000, a USD 402,5, en el 2005, en lo que a educación básica se refiere. Mientras que un estudiante de una universidad pública le costó al Estado en el 2005, USD 1 490, lo cual revela una notable inequidad. Además, la deserción y LA repetición en la educación superior fueron mayores. Una redistribución de los rubros que invierte el Estado en educación, políticas de calidad en el gasto y un sistema de rendición de cuentas, son metas reales a ser alcanzadas. Todo depende del apoyo político y de los recursos. El Senplades, el Conesup y el Conea lo saben. Con la aprobación de la nueva Constitución Política, el sistema educativo nacional tiene que ser equitativo. ¿Cómo superar Es urgente el diseño de una estrategia nacional que permita la articulación de políticas educativas de largo plazo con las de mediano plazo y coyunturales, desde la educación inicial hasta la superior, con la participación activa de todos los actores.
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