La evaluación educativa al banquillo

12/11/2008

Desde los años noventa se intenta diseñar un sistema nacional de evaluación, dentro del marco del Ministerio de Educación. Y el Conea – Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación- ejecuta un programa de autoevaluación y certificación de las universidades públicas y privadas.

Las pruebas

Las pruebas Aprendo para estudiantes de educación básica, en Lenguaje y Matemática, fueron el comienzo de este proceso que, poco a poco, se consolida con otras pruebas como las Ser y de evaluación voluntaria para docentes. Otros intentos asimismo importantes son los sistemas de acreditación seguidos por varios centros de estudios, como la calificación según las normas ISO y las del Bachillerato Internacional.

Los resultados –como sabemos- no han sido buenos, pero han servido para identificar los cuellos de botella y definir algunas estrategias para crear un sistema de evaluación, con estándares confiables, asumidos por todos los actores.

El modelo tradicional

En el sistema tradicional toda la carga de la evaluación ha recaído sobre los estudiantes, muy poco se ha evaluado a los docentes y casi nunca a las instituciones educativas. El Ecuador carece de una política nacional de evaluación, pero existen algunos programas dispersos que merecen más sistematización.

La evaluación tradicional es antieducativa porque está despojada de todo rasgo formativo y, muy por el contrario, deja huellas negativas, y a veces traumáticas. Por otra parte, los resultados de esta evaluación, al estar descontextualizados, tienen muy poco uso práctico; no son aplicables al proceso docente, ni a la superación personal del estudiante, ni al mejoramiento curricular. Es antieconómica, antiproductiva, antiracional. La evaluación tradicional puede ser identificada por los adjetivos siguientes: sumativa, cuantitativa, terminal, subjetiva, memorística, autoritaria, descontextualizada, deshumanizada y burocratizada, según Luis Bretel y Elio Crespo.

El cambio, por lo tanto, no será fácil porque inciden en la evaluación muchos factores directos y otros asociados a los procesos de enseñanza – aprendizaje.

Las resistencias al cambio

Los sectores gremiales se han opuesto a las reformas del sistema educativo, porque las han considerado como amenazas a la estabilidad del magisterio.

Sus prioridades han sido –con razón en algunos casos- los sueldos y salarios, mientras que los cambios y transformaciones han quedado para los discursos políticos y partidistas.

En el caso de la evaluación de los docentes, las resistencias se han acentuado porque los modelos de evaluación propuestos –impuestos según la Une- han limitado su campo de acción al recalcar la deficiente formación y actualización del profesorado, antes que a incentivar y mejorar su situación laboral.

Pero pese a las resistencias, la evaluación de desempeño avanza, ahora con las nuevas alternativas como la evaluación voluntaria, que permitirá una certificación más rigurosa de los docentes y la obtención de programas de educación continua.

La evaluación está, de todos modos, en el banquillo. Y bien que lo esté por mucho tiempo, hasta que se consolide un proyecto nacional de evaluación serio. EducAcción insiste en su propuesta de certificación de todos los docentes, sin excepciones de ninguna clase. En otras palabras, el retorno progresivo del profesorado a las aulas para actualizarse y comenzar a desaprender es urgente

¿Qué es evaluar?


La evaluación es un concepto transdisciplinar, polisémico, con múltiples usos en el contexto social. En el caso de los docentes la evaluación es una competencia clave.

La evaluación permite definir, seleccionar, diseñar, recoger, analizar, interpretar y usar la información para incrementar el aprendizaje .  
Consiste en el seguimiento, a lo largo de todo el proceso formativo.


Todos los docentes a las aulas de clase

La educación de calidad exige docentes de calidad. Esta condición es una premisa fundamental para un cambio verdaderamente profundo.

Esta premisa está reafirmada por los investigadores, y para ello es necesario  diseñar estrategias de corto, mediano y largo plazo. Así: 

• Privilegiar el talento humano. Esto implica la formación continua de los docentes, que permita en un plazo determinado la recertificación de todos los maestros y maestras, con la intervención activa de las universidades.
• Sistema Nacional de Evaluación –tipo Icfes, de Colombia- de elevado nivel académico y técnico, alejado de toda injerencia política partidista, con la participación del Estado, el sector privado y el tercer sector o sociedad civil.
• Participación del Ecuador en las pruebas PISA, que se utiliza en Europa con mucho éxito.
• Pruebas nacionales de ingreso a las universidades.
• Pruebas nacionales de ingreso al magisterio, previa capacitación docente.
• Planificación y evaluación por competencias y estándares.
• Incorporar de manera explícita la evaluación en todas las instituciones educativas del Ecuador, con normas que regulen la calidad y la gestión, mediante la intervención directa de sus principales actores: estudiantes, docentes y padres de familia, en el contexto de PEI (Proyecto Educativo Institucional).
• Becar a un grupo de docentes calificados para que se actualicen en varias universidades extranjeras, de acuerdo a rigurosos sistemas de selección.
• Fortalecer el área tecnológica de la educación (TIC).
• Desburocratizar el ministerio de Educación.
• Focalizar la capacitación de docentes, con un programa de seguimiento y monitoreo que ayude a verificar la incidencia de la capacitación en el ejercicio docente.
• Promover modelos de autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación, dentro de una política de incentivos.

 


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