Un voto que vale 2,33
11/19/2006
Por Vicente Albornoz Guarderas
El sistema de elección en listas aplicado en las últimas elecciones tiene dos gravísimos defectos. El primero es que resulta demasiado complejo y poco transparente para el votante. Explicar en detalle el mecanismo pudo resultar mucho más largo que explicar el plan de gobierno de los candidatos y, por lo tanto, es casi seguro que al momento de la votación nadie pudo predecir el efecto de su voto.
Pero el mayor problema es que se rompió uno de los principios básicos de cualquier elección democrática pues no todos los electores tuvieron el mismo peso y, para complicar la cosa, el peso de cada voto dependió de la decisión de los restantes electores. Por ejemplo en Pichincha, donde se elije a 14 diputados, si una persona votó por 14 candidatos de diferentes partidos, su voto tuvo 2,33 veces más peso que si lo hizo por los 14 candidatos del mismo partido. Todo esto se desprende de un interesante estudio que Diego Carrasco y David Molina están por publicar en ‘Carta Económica’, de Cordes.
Para explicar el tema, sigamos en Pichincha, donde 543 votantes depositaron votos válidos en plancha y 202 000 depositaron votos selectivos. Dado que, en promedio, las personas que dieron un voto selectivo marcaron seis candidatos, se creó un ‘ponderador’ que dividió los votos personalizados por 6 para luego sumarlos a los votos en plancha. De esta manera, si una persona dio un voto selectivo por seis candidatos, su peso equivalió a quien lo hizo en plancha. Pero si alguien votó por 14 candidatos de diferentes partidos, entonces su peso tuvo un valor 2,33 veces superior a las planchas.
En otras palabras, si usted quería que gane un partido en especial tenía que darle 13 de sus 14 votos a ese partido y regalarle un voto a otro partido. Y esa es la estrategia sencilla, porque suponemos que usted quería que gane un partido, pero si quería que gane un candidato en especial la cosa era aún más compleja. Lo que tenía que hacer es votar por su preferido y, de los restantes 13 candidatos de la lista, debía votar por los 12 menos opcionados (en la práctica, algo casi imposible de hacer).
Si hasta ahora el sistema le parece complejo, entonces prepárese para lo que viene pues cuando ya se tiene la suma de los votos en plancha más los selectivos divididos para el ponderador, entonces recién se empieza a aplicar el sistema D'Hondt en el cual el total de votos de cada partido se divide para 1,2,3,4, etc. y se escoge los 14 cuocientes más altos para decidir cuántos diputados tiene cada partido. Luego, de los partidos que reciben diputados se ve quiénes son los más votados y se les asigna la curul. Cabe resaltar que el famoso D'Hondt ya fue declarado inconstitucional.
Volviendo al inicio del artículo, queda claro que el sistema es demasiado complejo y que rompe con principios básicos de la democracia. La conclusión es que debería derogarse de un plumazo lo más rápido posible. Y la solución es sencilla: reintroducir el sistema que se usó en 1998, aquel sistema de votación sin plancha y por candidatos en el que si usted quería que alguien gane lo único que tenía que hacer era votar por esa persona. Claro que eso era demasiado simple para quienes quieren engañarnos.
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