Recorriendo el territorio

Tesoros en 350 Km de playa

1/28/2007

En la foto, el pescador Mario Cevallos muestra un barco que se hundió en 1990 en las playas de Jama, Manabí; los pescadores  no han podido señalar el nombre de la nave. 
Foto: EL COMERCIO
Patricio Ramos.
Redactor Manta


El vaivén de las mareas frente a la costa norte de Manabí es el mejor referente  a la hora de revelar los tesoros que yacen en las profundidades del mar.

Cuando la marea baja, en dos períodos cíclicos durante el día, queda al descubierto una parte del mástil y la proa de una embarcación que encalló en 1990 frente a la ensenada de El Matal, cantón Jama.

“La nave estaba cargada de tablones de guayacán, cedro y colorado”, dice Mario Cevallos, un pescador artesanal del lugar.

“Yo era niño y jugaba en la playa. El barco se quedó quieto, encalló en un banco de arena”.

Pocos recuerdan el nombre de  esta nave.  Pero muy cerca,   a cinco metros de profundidad y envuelta en gruesas capas de fango, yace el galeón Nuestra Señora de la Magdalena.

Se trata del mítico buque español que encalló en 1612 en este enclave marino del perfil costanero manabita. Llevaba en sus bodegas un cargamento de  metales preciosos.

Como este navío, otros 18 zozobraron por diversas causas desde la Isla de la Plata, al sur, pasando por Manta, donde -según historiadores- al menos existen siete embarcaciones.

Después de tres años de investigaciones y hurgando entre mapas antiguos, el estadounidense Joel Ruth y el inglés Haig Jacobs dieron con las coordenadas del Nuestra Señora de la Magdalena.

Antes de zambullirse en busca de tesoros en el fondo marino, los osados inversionistas debieron  bucear entre los legajos del Archivo de Indias. Estos ‘cazagaleones’   recurren a investigadores a sueldo,  en Sevilla, España; allí está un vasto archivo sobre naufragios.

Con las coordenadas exactas, el otro paso era solicitar al Estado ecuatoriano la concesión para extraer los potenciales tesoros del galeón.

Concedida la solicitud,  armados de espectrómetros (detectan metales bajo el agua) y con la ayuda de un barco equipado con dispositivos para limpiar el lodo en el fondo, empezaron las tareas de limpieza cerca del galeón.

Ya recuperaron restos de cerámicas de las culturas precolombinas, un arcabuz, un cofre con espadas y  carretes con hilos de oro.

Esos objetos son los indicios para saber que están cerca de los lingotes de plata, carga principal del Nuestra Señora de la Magdalena.
“Son los tesoros saqueados en lo que hoy es Bolivia, Chile, Perú y Ecuador”, dice Jacob Santos, historiador de Bahía de Caráquez.

Los galeones cargados de oro y plata que provenían de las minas de estos cuatro países encallaban  en la desembocadura de ríos, esteros, arrecifes, bajos, bancos de arena  y brazos de mar.

La mayoría huía de los piratas franceses e ingleses,   el terror de los españoles hace 400 años.

Según Santos, en la zona de El Matal, al menos hay dos galeones más, también localizados por Ruth y Jacobs, quien junto al chileno Juan Montero y al estadounidense Hill Seliger se asociaron para extraer los tesoros del  Santa María en octubre del 2004, en el golfo de Guayaquil. Frente a las costas de Manta hubo hundimientos y  ataques  de piratas.

Este enclave marino era frecuentado por la flota de más de 1500 barcos  que navegaban, cada año, por las costas de Manabí (350 km).

Según el maestro universitario José Elías Sánchez, llegaban por alimentos y agua, el líquido era  escaso, pero  conseguían a la fuerza.

Detrás de los barcos con tesoros  estaban los piratas. “Estos corsarios, añade Sánchez, pensaban que Manta era una especie de bodega de los tesoros; por ello, en  tres ocasiones saquearon y quemaron la ciudad”. En la tercera ocasión, en 1615, los mantenses huyeron  al norte y fundaron Montecristi.

Ahora varios buzos  laboran desde Puerto López hacia Manta. Uno de ellos es Carlos NN. Prefiere no mencionar su nombre por recelo a los asaltantes..

Carlos, hace tres años, encontró un galeón. Está en algún lugar del perfil costanero desde Ayampe hasta Crucita. En sus inmersiones ha podido extraer  ánforas de cerámica  donde se guardaban vino, cucharas de plata, figuras de cerámica y piedra lastra (roca moldeada con ungüentos especiales y fijada con esmeraldas).

El buzo  dice que lo que existe allí es  tan grande que no lo puede cuantificar. Al sur de Manabí, cerca de la Isla de la Plata, cuyo nombre viene por los continuos ataques del pirata inglés Francis Drake, también hay galeones hundidos. Cecilia Araujo, estudiosa de la historia de Puerto López, sostiene que Drake había robado una fortuna en lingotes de plata.

El corsario fue perseguido por otros piratas y hundió su barco cargado de metales frente al legendario islote. Ricardo Delgado Aray, coleccionista, cree que el tesoro más grande estaría frente a Manta

“El sitio solo lo sabe Margarita Brauly, inversionista estadounidense. Después de 10 años de buscar en mapas  y con la ayuda de la tecnología satelital, tiene las coordenadas”.

Enterrado en una masa de fango a  10 metros   estaría el tesoro más grande en la historia de los naufragios.  “No puedo revelar el monto,  pero sí es mucho más que el de Nuestra Señora de Atocha, rescatado en  los Cayos de la Florida”. Las costas de Manabí  traen sorpresas.

“En 1974, durante una excavación en las playas del sur de Manta, encontramos en la arena 10 piezas de oro puro. Por una necesidad, en 1976 las vendí al Banco Central de Guayaquil. Eso sí era un verdadero tesoro”.

Una riqueza  grande

Naves hundidas. Desde los tiempos de la antigua Grecia    se han hundido en el mundo 20 000 barcos, según el  español Fernando Serrano Mangas.

La riqueza. Con la riqueza de los galeones españoles hundidos, que sumarían 720,  se podría pagar toda la deuda de Iberoamérica, dice el investigador italiano del  Archivo de indias, Claudio Bonifacio.

Tres identificados. Según el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) frente a nuestras costas  hay al menos 60 galeones. Frente a Manabí  se identificaron  los nombres de estas :   naves:  San Bernardo, San Francisco y San Cristóbal.


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