Cuestión de fondo
6/14/2007
Por Xavier Lasso
‘Te metiste a soldado y ahora tienes que aprender, que aprender…”. Canción o viejo refrán, de esos que decían las abuelitas, y que, como ha quedado demostrado con el tiempo, ha venido cargado de sabias razones, de sabias advertencias, aunque nosotros hayamos despreciado tanto esa sabiduría que, en algunos casos, llega con las canas.
A Ricardo Patiño toca más bien imaginarlo ingenuo, la verdad que ingenuote, a sabiendas, uno supone que él debía saberlo, que nos hallamos, como pocas veces en nuestra historia, frente a un divorcio entre el poder político y el económico. Y cuando las cosas son así hay que andarse con cuidado, mucho cuidado, y Patiño luce, a estas alturas, muy descuidado. Cómo entender que se pueda depositar tanta confianza en alguien con el perfil de Quinto Pazmiño. Ahora que el personaje de marras aparece a cada rato en los medios, no cabe duda que estamos ante una personalidad oscura, que no pestañea, que no arruga una sola línea en su rostro cuando habla de asuntos que bordean lo delincuencial.
Cómo llega tan alto semejante individuo. O es que el activismo de campaña consagra a todo el que se aparezca por ahí. Patiño, que tanto tiempo ha estado vinculado a temas como Jubileo 2000, ahora se ha enredado en unos procedimientos que jamás podrán ser justificados por los fines.
Dice que todo se hace, aun violando la Ley, porque la patria así lo exige. Cuando Patiño suscribía, desde afuera, sin verdaderas relaciones con el poder, “que la vida era siempre más importante que la deuda”, sabía, seguramente, que defender a la gente frente a los abusos del Estado, esa entelequia asaltada cada cierto tiempo por un conjunto de personas, era vital. Hoy, cuando la faena es mucho más compleja, debería él mismo reivindicar lo ético, como cierto freno ante los abusos consustanciales del poder.
Patiño, por ancestro, conozco bastante bien a su hermano Raúl, debe ser, al menos como tendencia, un hombre honesto, debe ser muy trabajador, incansable en esto de las campañas, es, qué duda cabe, una ficha clave en el andamiaje de este Gobierno. Claro que muchos, por eso mismo, deben estar acechándolo, poniéndole cascaritas por doquier, presto a celebrar su caída. Y el hombre, cuando intentaba una defensa de su actuación, en un escenario que simbólicamente lucía recoleto, a pesar de que era el mismo Carondelet, adquirió un tono épico, verdadera lástima porque a esas emociones se llega en la víspera, cuando casi todo se ha perdido.
Aunque, si pertenece a buena estirpe, seguro concluirá un trabajo: él empezó a poner en claro, en blanco y negro como decimos, esas perniciosas relaciones que aún subsisten: la colusión entre medios y banca. Sí, hay que terminar de decirlo: Banco Pichincha y Teleamazonas no deberían andar juntos, basta de este comportamiento descarado que desnaturaliza a las dos actividades. Para qué el alarde mediático cuando se está en una actividad muy delicada, sino para ocultar, más bien, las fragilidades.
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