‘Un voto que vale 2,33’

9/23/2007
Por Vicente Albornoz Guarderas

Ese fue el título de un artículo que publiqué en noviembre del 2006, en el que criticaba el sistema de votación que se había utilizado en las elecciones legislativas de octubre de ese año. Lo criticaba por parecerme poco democrático y demasiado confuso. Desgraciadamente, las pocas críticas que se hicieron en esa época fueron desoídas y para las próximas elecciones se están manteniendo muchas de las normas absurdas del año pasado.

El problema empieza en que esta no es una elección entre personas. En realidad, los cientos de fotografías que aparecen en cada papeleta no son más que un engaño para hacernos creer que podemos elegir entre personas, pero no es así. La dura realidad es que esta es una elección en las que están compitiendo listas. La pelea no es entre las personas que son candidatos, sino, entre las diferentes listas.

Vamos al comienzo. Hay dos tipos de votos: en plancha y entre listas. El voto en plancha ocurre cuando usted vota por todos los candidatos de una lista. El voto entre listas ocurre cuando usted vota por candidatos de dos o más listas. El lío comienza cuando se quiere sumar los votos en plancha con los votos entre listas, operación regulada por el artículo 105 de la Ley de Elecciones.

El primer paso es establecer por cuántos candidatos votaron, en promedio, quienes lo hicieron entre listas.

Después se dividen  los votos entre listas para ese promedio y así, ya divididos, se los suma a los votos en plancha y se obtiene la votación consolidada.

En las elecciones de octubre 2006, los pichinchanos que votaron entre listas lo hicieron, en promedio, por seis  candidatos, a pesar de que podían hacerlo hasta por 14. Si en esta provincia usted votaba por seis, su voto valía igual que uno en plancha. Si votaba por 13 candidatos, su voto valía por 2,1 votos en plancha y si lo hacía por 14 (de al menos dos listas), su voto valía 2,33. Al mismo tiempo, si sólo votaba por uno, su voto valía 1/6 de un voto en plancha (el hecho de que la unidad de medida sea el voto en plancha confirma que esta es una pelea entre listas).

De manera que si usted quiere favorecer a una lista específica en Pichincha, lo ideal es que le dé 13 votos. Darle 14 votos sería un voto en plancha y eso vale menos. Para el caso de la votación nacional, es mejor que le dé 23 votos a su lista preferida en lugar de los 24 que le podría dar. En Guayas, 17 da más que 18, en Manabí siete da más que 8 y en Azuay 4 da más que 5. Y todo eso es muy absurdo, y muy real.

Luego de todas estas sumas, promedios y divisiones, recién empieza la repartición de escaños. Ese sistema de asignación es tan complejo que merece otro artículo para explicarlo. Valga señalar, únicamente, que promueve la fragmentación en la asamblea.

Quiero concluir de una manera similar a mi artículo del año pasado: el sistema es demasiado complejo, rompe con principios democráticos básicos y debería derogarse. La solución es reintroducir el  sistema que se usó en 1998, aquel sistema por candidatos y sin plancha, en el que si usted quería que alguien gane lo único que tenía que hacer era votar por esa persona. Claro que eso era demasiado simple para quienes nos quieren engañar.


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